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DATOS
Y MUJERES ESTÁ LEJOS DE SER
UNA
REALIDAD EN CHILE
El aumento de salarios no ha beneficiado de igual forma a
mujeres y hombres. Según la última encuesta de empleo de la Universidad de
Chile, la brecha salarial, lejos de disminuir, aumenta, situándose en promedio
de $191 mil, bastante más que en 2012 que fue de $128 mil y en el 2011 de $134
mil. La última encuesta de empleo de la Universidad de Chile informa que los
aumentos de salarios no han beneficiado a las mujeres de la misma forma que a
los hombres.
Para los trabajadores y trabajadoras la igualdad entre
hombres y mujeres es una cuestión de derecho humano fundamental que se expresa
en los ingresos por la justa retribución por el trabajo realizado, considerando
su valor sin otros componentes o sesgo de género. Según la encuesta los hombres
tienen un sueldo promedio de $621 mil y las mujeres $430 mil, es decir, una
brecha salarial promedio de $191 mil.
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El informe sobre la aplicación de la Ley 20.348 de
Igualdad de Remuneraciones, elaborado por la Cámara de Diputados, concluye
categóricamente que se trata de una ley desconocida, sin incentivos y, en
opinión de la Central Unitaria de Trabajadores, que no ha tenido impacto en
materia de igualdad de ingresos entre hombres y mujeres.
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Analizando años anteriores vemos que la brecha subió en
más de 10 puntos, en mayo de 2012 era de $128 mil y en mayo de 2011 de $134
mil.
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La encuesta revela además que en sectores que ocupan
preferentemente a hombres, como la construcción y la industria, las
remuneraciones han aumentado. Por el contrario, en los servicios personales y
sociales, que concentran fundamentalmente a mujeres, como el de trabajadora de
casa particular, la primera actividad en términos de ocupación femenina, se
registró un retroceso en ingresos por hora cercano al 7%.
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Aún así, las mujeres son las que perciben en mayor
cantidad el salario mínimo, actualmente de $193.000 (retroactivo desde julio
será de $210.000), ya que la creciente participación laboral femenina se
concentra en servicio doméstico, servicios sociales y de salud, actividades
comunitarias, sociales y personales.
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La participación femenina fluctúa entre el 25% y el 33%
en los primeros deciles, y en los deciles de mayores ingresos es cercana al
60%. Es decir, las mujeres más pobres y que más necesitan, presentan los peores
indicadores de participación en el trabajo remunerado, estando sobre-representadas
en el sector informal, dónde el servicio doméstico es la puerta de entrada.
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Para la Central Unitaria de Trabajadores, la igualdad de
remuneración entre la mano de obra masculina y la mano de obra femenina por un
trabajo de igual valor es un imperativo de justicia social y parte de nuestra
resolución programática de luchar en contra de las desigualdades que persisten
y afectan a nuestra sociedad.
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La Ley debe establecer que debe haber la misma
remuneración en trabajos de igual valor, sea que los ejerzan hombres o mujeres,
que las mujeres deben tener
oportunidades para capacitarse y acceder a las promociones o ascensos,
considerando las barreras que enfrentan. O sea, la ley debe igualar lo que no
es hasta ahora naturalmente igual, por la división sexual del trabajo y la
sobre carga de trabajo de la mujer. Debe establecer que los puestos de trabajo
y las exigencias para ejercerlos no deben considerar sesgos de género.
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