Los féretros, cubiertos con la bandera cubana, como se aprecia en la foto de portada, fueron exhibidos en una ceremonia fúnebre por el régimen cubano como "homenaje" de Estado que fue encabezado por el presidente Miguel Díaz-Canel y el jerarca del régimen comunista Raúl Castro, máximas figuras del aparato político y militar. Sin embargo, la ceremonia evitó cualquier referencia concreta al rol que cumplían los fallecidos en territorio venezolano o a la magnitud real de la presencia militar cubana en ese país.
Durante el homenaje, el ministro del Interior, Lázaro Alberto Álvarez Casas, pronunció un discurso cargado de retórica ideológica, algo usual en el castrismo, en el que exaltó a los fallecidos como “combatientes heroicos” y los equiparó con episodios fundacionales de la revolución cubana.
La intervención, lejos de aportar claridad, reforzó el uso del duelo como herramienta propagandística en un momento de severa fragilidad política y económica para el régimen que ha perdido a su más importante aliado.
"Defensa del chavismo"
La instalación de la capilla ardiente confirma de manera pública una realidad que La Habana negó durante años: la participación directa de su aparato de seguridad en la defensa del chavismo. La extracción de Nicolás Maduro dejó al descubierto el alcance de esa alianza y el costo humano que implicó para Cuba, en un contexto de profunda crisis económica y social dentro de la isla.
Mientras el régimen cubano intenta transformar una derrota estratégica en un relato de sacrificio y resistencia, evita asumir responsabilidades políticas por el envío de personal armado al extranjero y el impacto de esas decisiones sobre la población cubana.
El homenaje oficial, lejos de cerrar un capítulo, reabre interrogantes sobre el papel de Cuba en Venezuela y el precio pagado por sostener un poder hoy derrumbado, según comentaron algunas agencias europeas como fue precisamente Europa Press.
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