El presidente electo de Chile, José Antonio Kast, como lo hizo en su tiempo el argentino Carlos Saúl Menem, parece buscar el poder antes del próximo 11 de marzo, cuando reciba la banda presidencial de manos del actual mandatario, Gabriel Boric.
Kast no disimula su deseo: emite declaraciones a diario, realiza cinco viajes fuera del país antes de asumir el mando de la nación. Visita Argentina, Perú, Ecuador, América Central y Europa. Y en sus intervenciones públicas rechaza temas que no tocó cuando era candidato, como el feminismo, el ambientalismo, el indigenismo y otros “ismos” que le disgustan.
Kast ansía ocupar la Presidencia. Con prudencia de estadista, evade pronunciarse sobre la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas, pero finalmente no resiste la tentación o las presiones y lo hace. “Chile no será representado por quienes han dedicado su vida a debilitar la familia y la propiedad privada desde los salones internacionales”, advirtió en Bruselas, capital de Bélgica, el pasado 3 de febrero.
"Nuestra diplomacia estará al servicio de los chilenos, no de las carreras personales de la élite saliente", afirmó, hablando como si ya fuera presidente, en alusión directa a Michelle Bachelet. Una declaración que encierra una decisión de gobierno, antes de asumir el gobierno.
Kast quiere ser presidente luego, ahora, ya… Si fuera posible, antes del 11 de marzo. Habla como si ya ocupara ese cargo y se reúne con líderes de la derecha en España, Bélgica, Hungría e Italia, como el máximo representante de la nación chilena, de toda la nación chilena.
En su discurso en Bélgica, que alguien calificó como “el manifiesto de Bruselas”, el futuro presidente habló con dureza. Su estilo se acercó al de Johannes Kaiser, cuando señaló que es hora de abandonar lo “políticamente correcto”, para levantar las ideas de la derecha conservadora frente a las posturas de la izquierda. ¿Cuáles ideas? La propiedad, la familia, la libertad personal. Y en la línea extrema del diputado Kaiser, agregó:
Usted puede ver al futuro Jefe del Estado todos los días en la
televisión, lo puede escuchar en la radio o puede leer lo que hace y dice en
los diarios y las redes sociales. Es como si fuera un presidente en campaña o
un presidente de facto.
¿Es que a José Antonio Kast le agradaría seguir el camino que emprendió
hace 37 años el presidente argentino Carlos Saúl Menem? ¿Le gustaría adelantar
de facto la toma de posesión de la
primera magistratura del país?
Menem recibió anticipadamente el gobierno que encabezaba Raúl Alfonsín, el 8 de julio de 1989. No fue un golpe de Estado ni una revolución, sino un gesto de Alfonsín para salvar la institucionalidad en peligro e impedir una nueva dictadura militar. Reconoció así que no podía dirigir una transición democrática, después de ganar la elección en 1983 como representante del radicalismo.
La inflación bajo su gobierno llegó al 3.000% anual, la crisis económica desembocó en saqueos de supermercados y tiendas, con una secuela de muertos y heridos y Alfonsín perdió el control. En las elecciones del 14 de mayo de 1989 el vencedor fue el líder justicialista (peronista), que debía asumir la presidencia en la Casa Rosada en octubre, pero el proceso se adelantó en cinco meses, tras la renuncia del presidente Alfonsín.
¿Es
comparable este cuadro con la situación de Chile?
En Chile, hoy
la inflación anual llega al 2,8% por debajo de la meta de 3% que preveía el
Banco Central, el dólar alcanza su nivel más bajo de los últimos tres años, las
transacciones en la Bolsa de Comercio de Santiago llegan a valores históricos, nuestras
exportaciones también registran un récord de más de 100.000 millones de
dólares, prevalece el orden público y el presidente Gabriel Boric prepara su
salida por los canales institucionales, el miércoles 11 de marzo próximo.
¿Cómo explicar entonces los apresuramientos de Kast para llegar a la presidencia?
Puede interpretarse como una acumulación de expectativas personales de llegar al poder, debilitando si fuera posible la figura del presidente en ejercicio. La diferencia con Menem es que llegó a la Presidencia tras la renuncia de Alfonsín, convertido en un político derrotado por su incapacidad para controlar la economía en crisis.
Con el tiempo, los argentinos reconocieron el gesto del líder radical, cuya dimisión evitó una crisis mayor y hoy lo reconocen como el padre de la democracia moderna en su país. Boric recibe a diario las mayores descalificaciones de la derecha opositora, como le sucedió entonces a Raúl Alfonsín.
Pero el más joven presidente que ha tenido Chile entregará un gobierno con un país estable y en creciente desarrollo.