Puede parecer hasta casi infantil aseverar que, en la organización política del Estado, bajo el modo de producción capitalista, tanto los sectores dominantes como los dominados deben actuar debidamente representados por los partidos políticos. No es casualidad.
El modo de producción capitalista es un modo de dominación, lo cual implica tener presente que los deberes exigidos a las clases dominantes se exigen, con mayor razón, a los sectores dominados pues, como dice el I Ching ‘lo que está arriba está abajo y lo que está abajo está arriba’.
Y, claro. La necesidad de actuar representados bien pudo ser aplicada solamente a los sectores dominantes y no a los dominados; pero, en los modos de dominación, lo que es bueno para quienes dominan ha de serlo, también, para los dominados. Aunque, en verdad, no lo sea. Así ha ocurrido en el pasado, así sucede en el presente y, probablemente, así seguirá haciéndose en el futuro en tanto tales modos perpetúen su vigencia y no les salga al paso alguna fuerza social organizada que busque alterar esa marcha.
RAZONES PARA ESTABLECER TAL REPRESENTACIÓN
Las razones de esa conducta son simples: los dueños del capital, ocupados en acrecentar su riqueza, no tienen tiempo de actuar en política. Quienes no lo poseen han de ser constreñidos a hacerlo pues lo accesorio sigue la suerte de lo principal. Sin embargo, también se señala, como causa de esa representación, la necesidad de nominar a personas determinadas por ser imposible que una sociedad sea administrada por todos sus integrantes, afirmación que, a pesar de ser histórica, soslaya la cuestión principal.
Pero, cuidado. Si bien es cierto que el afán de apoderarse de cuotas cada vez más altas de plusvalor (Las "cuotas de plusvalor" (o tasa de plusvalía) son un concepto marxista que mide el grado de explotación del trabajo, calculado como el porcentaje de plusvalía (ganancia no pagada) respecto al capital variable (salarios), o la relación entre el tiempo de trabajo excedente y el tiempo de trabajo necesario para subsistir) mantiene ocupados a los dueños del capital, no quiere decir tal afirmación que así va a continuar sucediendo en el futuro. No. El espectacular desarrollo que experimentan las fuerzas productivas, a la vez que libera la fuerza de trabajo necesaria para acrecentar el capital y la reemplaza por maquinaria útil —produciendo, con ello, mayor percepción de plusvalor relativo—, también libera al capitalista de ciertas preocupaciones y le permite incursionar con éxito en la política, haciendo innecesarios algunos cupos de representación.
La vieja sentencia aquella según la cual ‘al ojo del amo engorda el caballo’ inicia su rápida retirada ante el avance
incontenible de la IA. La aparición de algunos empresarios dirigiendo la política nacional, en no pocos países del orbe, es la más preclara manifestación de esa tendencia 1 .
La representación política de esos sectores se realiza a través de la democracia que, a su vez, se apoya en la existencia de partidos políticos y elecciones periódicas, libres, secretas e informadas. Quienes no pertenecen a partidos o no quieren dar su voto a los candidatos designados por esas organizaciones políticas pueden, en ciertos casos, votar por independientes aceptados, en esa calidad, por algunos regímenes.
CLASES SOCIALES EN EL MPK 2
En la teoría clásica, dentro del MPK se reconoce la existencia de dos clases antagónicas entre sí que son compradores y vendedores de fuerza o capacidad de trabajo (no ‘izquierda’ y ‘derecha’).
Los compradores de esa mercancía se separan, en la rotación del capital, a su vez, en industriales, comerciantes y banqueros. Si tales segmentos sociales decidieran participar activamente en política, deberían hacerlo debidamente representados. En consecuencia, deberían existir partidos que asumiesen la representación de cada uno de ellos. El problema, sin embargo, es mayor.
En efecto. Las fracciones que componen la clase de compradores de fuerza o capacidad de trabajo no poseen idénticas cuotas de capital. Algunas tienen lo suficiente; otras, no tanto; y muchas de esas fracciones solamente poseen sumas pequeñas que, a menudo, tratan inútilmente de acrecentar. De todas maneras, para todas ellas es muy difícil participar en política; el camino que han elegido las absorbe. Se forman, entonces, grupos según el capital que poseen para conformar, de esa manera, fracciones pequeñas, medianas y grandes. Aparecen, así, pequeños, medianos y grandes empresarios que pueden ser industriales, comerciantes o banqueros. Si no pueden participar en política, ¿de dónde, entonces, extraen su representación política?
SEGMENTACIÓN DE LA CLASE VENDEDORA DE FUERZA O CAPACIDAD DE TRABAJO
La clase de los vendedores de fuerza o capacidad de trabajo (proletariado) también se segmenta, en la rotación del capital, de acuerdo al sector patronal en donde pueden vender la única mercancía que poseen: su energía corporal. No por otra circunstancia existen trabajadores industriales, trabajadores del comercio y funcionarios bancarios, que sirven a pequeños, medianos o grandes empresarios.
Sin embargo, esa clase tiene otras variables. En primer lugar, se pueden encontrar en ella ciertas ocupaciones en las cuales el patrón al que sirven no es una persona (natural o jurídica) —como sucede en los empleos normales— sino presenta rostros múltiples. En este caso, tales profesiones dan origen a una fracción de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo, manifestándose en una calidad que los asimila a los pequeños industriales, comerciantes o banqueros. Tal ocurre con las profesiones liberales cuando ellas son ejercidas individualmente. Como sucede con los abogados, médicos o dentistas, entre otros, los taxistas.
No sucede de esa manera cuando esas ocupaciones liberales o ‘profesiones’ se venden a una empresa particular o fiscal; en ese caso, se trata de la venta de la fuerza o capacidad de trabajo, es decir, de ‘proletariado’.
Ambas categorías constituyen lo que se conoce, vulgarmente, como ‘clase media’, ‘sectores de medio pelo’ o, simplemente, ‘capas medias’, nomenclatura que, aunque difícil de aceptar, ilustra con propiedad su origen o pertenencia. Pero se puede afirmar que, en realidad, es proletariado público o privado del rubro servicios.
CONCLUSIÓN
Este panorama no es nuevo. Siempre ha existido. Y, no obstante, los movimientos sociales han sabido superarlo. Pero cuando la economía empeora y las veleidades de la forma de acumular se hacen presentes, la situación se agrava, la intranquilidad hace presa de los ‘sectores medios’ y gran parte de los sectores dominados vuelven sus ojos hacia quienes dominan en la esperanza de encontrar apoyo en ellos a sus tribulaciones: las respuestas a esos requerimientos se hacen cada vez más lejanas. Y, también, la ruta hacia adquirir una robusta conciencia de clase. Lo cual podría comenzar a explicar, al menos en parte, algo de lo que está sucediendo a nivel planetario.