Donald Trump y
Gianni Infantino estrecharon al máximo sus relaciones personales en los últimos
años y especialmente durante el último canpeonato mundial de fútbol, una
sintonía que ahora alimenta las especulaciones sobre una posible candidatura
del presidente de la FIFA (Infantino) a la Secretaría general de las Naciones
Unidas en Nueva York, que ya está en plano desarrollo.
Daniel Supervielle, frente a estos
anuncios, repasó algunos acontecimientos que mezclan sin más excusas el deporte
con la complicada tarea política. Los límites entre el poder político y el deporte se desdibujaron, escribió.
Y agrega, "en un escenario global en el que millones de personas están pendientes del mismo espectáculo, es inevitable que se destapen intereses detrás. El mundial genera movimiento y dinero. El turismo, la nueva infraestructura y el comercio son oportunidades para construir poder y posicionamiento internacional.
Trump lo supo cuando llamó a Gianni Infantino y le pidió que anulara la sanción por expulsión contra el jugador Folarin Balogun, de la selección estadounidense e Infantino lo hizo (Leer en Kradiario)..
No fue un hecho aislado. Ya en diciembre del año pasado, Infantino le entregó a Trump el controvertido Premio FIFA de la Paz bajo el argumento geopolítico de su “firme compromiso con la promoción de la paz”. Pero Estados Unidos hospedó el mundial, y Trump es Trump.
A esto se suma, ahora, la idea del
presidente de EEUU, que propone a Infantino como candidato a la Secretaría
de la ONU, un cargo político muy complicado y que está lejos de varios partdidos de
90 minutos con 22 jugadores (11 por lado). No pueden compararase los problemas
poílíticos, sociales y económicos mundiales con la organización del campeonato mundial de fútbol. Sólo mantener la paz en el mundo es un problema que no tiene
parangón con un mundial de fútbol.
La comentarista Sara Bachino escribió: "El fútbol no es solo un juego, es una representación de lo que sucede a nivel político. ¿Es inevitable?
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