Perú tiene presidenta casi con certeza. Lo que no tiene todavía es un resultado oficial, según informa este miércoles la Deutsche Welle (DW) de Alemania. El resultado es prácticamente un empate técnico con leves beneficios para Keiko
Con el 99 por ciento de las actas escrutadas, Keiko
Fujimori reúne el 50,097 por ciento de los votos frente al 49,903 por ciento de
Roberto Sánchez, de acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Procesos
Electorales (ONPE).
Aunque los resultados oficiales definitivos aún no
se hayan proclamado, Fujimori es la ganadora virtual. Su margen sobre Sánchez
es estrecho, pero la mayoría de las actas pendientes de contabilizarse
corresponden a Lima, donde ella supera a su rival con amplia diferencia.
La autoridad electoral ha informado que el cómputo
final "podría demorar"entre
dos semanas o hasta fin de mes". Esta espera resulta
difícil de explicar si se tienen en cuenta otras democracias de la región,
cuyos resultados se dan a conocer prácticamente el mismo día en que se celebra
la jornada electoral o pocas horas después, como es por ejemplo el caso de Chile y también el de Colombia..
Pero el sistema de conteo electoral peruano difiere
del de sus vecinos. "El Perú, a diferencia de países como Chile o
Colombia, carece de resultados preliminares que se entregan el mismo día de las
elecciones a pocas horas de cerradas las mesas de votación".
"En el sistema peruano, solo hay resultados
oficiales. Además, el sistema de cómputo ascendente no acaba en la mesa de
votación, sino que tiene fases en las que es posible que los partidos presenten
impugnaciones. Algunos señalan que ese modelo aparentemente garantista se basa
en una histórica desconfianza en el sistema electoral", subraya Juan de la
Puente.
Esa desconfianza tiene
raíces profundas. En un país en el que a los candidatos parece costarles
reconocer la victoria electoral del adversario, tanto Keiko
Fujimori como Roberto Sánchez se habían comprometido a respetar
los resultados. Pero, finalmente, el candidato de Juntos por el Perú,
organizó una colecta para financiar la impugnación de mesas electorales
favorables a su rival.
La iniciativa fracasó: no se recaudó lo necesario para cubrir las tasas oficiales requeridas para anular las aproximadamente 1.700 mesas cuestionadas, y el partido suspendió la campaña.
Los desafíos de la
nueva legislatura
Todo apunta a que la hija del expresidente Alberto Fujimori llegará
por fin a la presidencia en su cuarto intento. La pregunta ya no es si
gobernará, sino cómo.
"El principal reto de un gobierno de Fujimori
es la legitimidad inicial", advierte De la Puente. "Pasó a la segunda
vuelta con poco más del 12 por ciento de los votos y está ganando por un
estrecho margen. Pero no solo es una cuestión de legitimidad electoral legal,
sino también histórica: lidera un partido que reivindica el golpe de Estado de
su padre y ha renunciado a toda autocrítica respecto de aquel gobierno
autoritario".
Las garantías de libertad de expresión, la protección a los derechos
humanos y la defensa de la separación de poderes deben ser asuntos prioritarios
en la agenda pública", comenta Niño de Guzmán a DW.
Su programa, sin embargo, genera pocas esperanzas
entre quienes la observan desde la izquierda y el feminismo. Diana Miloslavich,
exministra de la Mujer y reconocida defensora de los derechos de las mujeres,
señala a DW que Fujimori "no tiene un programa claro" y que ha adelantado el regreso al PRONAA, una
institucionalidad desaparecida que buscó clientelizar a las organizaciones de
mujeres pobres, además de una militarización de la seguridad ciudadana.
"Su bancada ha apoyado todo el paquete legislativo ‘procrimen' y el paquete 'anti derechos contra las mujeres'. Han prohibido el uso del lenguaje inclusivo, han retirado la palabra 'género' de todo el Estado, y hoy cuestionan el feminicidio, cuando hay al día una víctima entre tentativas y feminicidio consumado. Es un panorama desolador", valora Miloslavich.
La experta alude tanto a un conjunto de leyes aprobadas por
el Congreso que, según expertos, debilitan la capacidad del Estado para
investigar y sancionar el crimen organizado y la corrupción, como a varias
iniciativas legislativas consideradas por muchos como un retroceso en materia
de igualdad de género.
Estabilidad
presidencial y desafección política
El Congreso peruano ha propiciado en los últimos
años la destitución de varios presidentes.
¿Podrá Fujimori mantenerse? De la Puente apunta que "las nuevas reglas
constitucionales hacen más difícil la destitución del presidente, por lo que es
probable que su presidencia sea más fuerte que las anteriores".
Miloslavich, por su parte, ve fragilidad: "Su falta de legitimidad será un
problema. Tendrá que gobernar desde Lima en un país dividido, con regiones que
pueden pasar de la indignación a una resistencia activa".
Sobre la desafección política que impregna el país, De la Puente es lapidario: "Este país antielectoral ha votado, pero espera muy poco del poder". Miloslavich añade que con todos los contrapesos institucionales —Tribunal Constitucional, Ministerio Público, Defensoría del Pueblo— alineados con el bloque gobernante, "se profundizarán las desafecciones".
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