Por Wesley Rahn
EE UU aún es inigualable en su capacidad para proyectar fuerza militar en todo el mundo, pero el éxito de Irán al bloquear el estrecho de Ormuz ha suscitado serias dudas sobre el papel de esta potencia como una superpotencia.
"Buques del mundo, arranquen motores", dijo Donald Trump tras anunciar un acuerdo con Irán para poner fin al conflicto que él mismo inició junto con Israel hace más de tres meses. En una publicación, Trump también autorizó plenamente la reapertura sin peajes del estrecho de Ormuz. "¡Que fluya el petróleo!", añadió.
Estados Unidos e Irán tienen previsto firmar este viernes un memorando de entendimiento (MoU) en Ginebra, aunque los detalles del documento siguen sin conocerse públicamente. Trump afirmó posteriormente que Ormuz sólo se reabrirá completamente una vez firmado el acuerdo.
Pero existen informaciones no confirmadas, publicadas en medios iraníes afines al régimen, que aseguran que el futuro papel de Teherán en Ormuz sigue siendo objeto de negociación.
La agencia de noticias Fars informó que la "soberanía iraní-omaní (Irán-Omán) sobre el estrecho de Ormuz" se añadió a las negociaciones en el último momento, asegurando que Estados Unidos ha aceptado que se paguen tasas a Irán por atravesar ese paso marítimo.
Cuando se le pidió una aclaración al vicepresidente estadounidense, JD Vance, con respecto a este punto, declaró a CNBC que Washington esperaba que el estrecho permanezca abierto y libre de peajes a largo plazo.
Más allá de la falta de transparencia, está claro que Estados Unidos no puede imponer unilateralmente sus condiciones sobre el estrecho de Ormuz a Irán, pese a su abrumadora superioridad militar.
Además, la capacidad iraní para emplear drones, minas y pequeñas embarcaciones para bloquear el tráfico marítimo ha puesto de manifiesto las limitaciones del poder estadounidense a la hora de garantizar la libertad de navegación y el libre comercio.
"La guerra contra Irán ha demostrado la extraordinaria fuerza militar de Estados Unidos, pero también su incapacidad para convertirla en algo parecido a una victoria estratégica" (´¿faltó inteligencia?), comenta a la Voz de Alemania (DW Jessica Lissner, investigadora principal de política exterior estadounidense y directora de la Iniciativa para el Futuro de la Estrategia Estadounidense del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos (CFR).
"Esto supone un golpe para la imagen de Estados Unidos como superpotencia mundial y socava su papel como garante de la libertad de navegación. Esta guerra ha dejado a Estados Unidos en una posición más débil que al principio", comentó Lissner.
Trump fijó varios objetivos al iniciar la guerra, entre ellos la "aniquilación" de la marina convencional iraní. Según el análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), eso es algo que se cumplió: Irán perdió la mayor parte de su capacidad naval en menos de diez días.
Pero lo cierto es que Irán no necesitaba una marina convencional para bloquear el tráfico marítimo en Ormuz. Sus ataques asimétricos mediante drones contra instalaciones energéticas del Golfo ha demostrado ser un elemento de disuasión eficaz frente a una escalada estadounidense.
Además, sus aliados en Yemen y Líbano siguen representando una amenaza.
Los bombardeos estadounidenses e israelíes también han eliminado a gran parte de la cúpula dirigente iraní y han degradado sus capacidades militares. Al mismo tiempo, el conflicto ha empeorado la vida de los iraníes, que venían de sufrir una dura represión por protestar contra el régimen pocas semanas antes de la guerra.
¿Quién controla la llave de Ormuz?
La cuestión estratégica fundamental sigue siendo el estrecho de Ormuz. El mundo espera ver si Estados Unidos va a permitir a Irán ejercer algún grado de control sobre el tráfico marítimo en esa vía. "Aunque el acuerdo logre reabrir el estrecho, Irán dispone ahora de una influencia que antes no tenía", subraya Lissner.
"Estados Unidos ha demostrado ser incapaz o no estar dispuesto a obligar a Irán a reabrir el estrecho. Eso significa que el mundo tendrá que convivir con el riesgo de que Irán vuelva a cerrarlo cuando lo considere oportuno".
Una de las partes más comentadas del memorando sería la entrega a Irán de unos 12.000 millones de dólares de fondos congelados antes, incluso del inicio de las negociaciones nucleares, algo que equivaldría a pagar por la reapertura del estrecho. Washington lo niega.
"Este acuerdo parece encaminado a institucionalizar de facto el control iraní sobre el estrecho al crear un marco que permita a Irán cobrar tasas a los buques en tránsito", destaca Lissner. "Quizá por ese motivo, Trump se ha negado hasta ahora a publicar el texto".
Trump, escéptico a las reglas
Durante décadas, los pilares centrales del poder estadounidense fueron su superioridad militar y su compromiso con lo que Washington denomina el "orden internacional basado en reglas", apoyado por aliados afines.
Trump siempre se mostró escéptico respecto a ese sistema, al considerar que el resto del mundo se aprovechaba de Estados Unidos sin ofrecer nada a cambio.
Esa visión quedó reflejada en la imposición errática de aranceles durante su Presidencia.
"Suicidio de una superpotencia". Lissner, junto con otros analistas como el historiador Timothy Snyder, ha calificado la política exterior de la administración Trump como un "suicidio de una superpotencia".
Según ella, bajo el liderazgo de Trump, Estados Unidos ha ido desmontando progresivamente el sistema internacional que construyó junto con sus aliados para mantener su poder y prosperidad. "La guerra con Irán no ha hecho más que acelerar esta tendencia, debilitando aún más el orden internacional basado en reglas y alejando a los aliados estadounidenses. Estos pasos conducen hacia un 'nuevo desorden mundial' caracterizado por una mayor violencia e inestabilidad".
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