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martes, 4 de agosto de 2026

PLATAFORMAS COMO "ONLY FANS" IMPACTAN EN EL DESARROLLO DE LA MUJER


Por Jessika Krohne 

Sicóloga 


La expansión de como OnlyFans, Arsmate y Fansly ha generado un intenso debate en torno a la sexualidad femenina contemporánea.

Por un lado, estas plataformas han permitido y facilitado a millones de mujeres la mercantilización de su cuerpo y su sexualidad a cambio de una remuneración económica, pero, por otro lado, se predispone los cuerpos de las mujeres a los intereses y deseos masculinos manteniendo o incluso retrocediendo a un relato social de la sexualidad femenina limitante, violento, estigmatizante y, sobre todo, patriarcal.

Estas plataformas permiten que mujeres produzcan y comercialicen contenido sexual de manera aparentemente autónoma, obteniendo beneficios económicos y control sobre su imagen.

Sin embargo, también han suscitado cuestionamientos respecto a la reproducción de dinámicas de cosificación, autoobjetivación y dependencia de la validación externa. 

Desde una perspectiva sexológica, feminista e interseccional, resulta relevante analizar cómo estos espacios digitales influyen en la construcción de la autoestima sexual, la autonomía corporal y el bienestar de las mujeres.



Onlyfans es una plataforma digital creada en el año 2016 en Reino Unido por la compañía Fenix International Limited. Nace como una herramienta polifacética enfocada a la creación de todo tipo de contenido y para ser utilizada principalmente por artistas independientes. 

Pero los inicios de Onlyfans distan mucho del fenómeno mundial que es en la actualidad, una plataforma centrada en la pornografía y prostitución. 

Todo esto cambió con la entrada del que es el actual dueño de la plataforma, Leo Radvinsky, un empresario y productor de «cine para adultos» ucraniano-estadounidense quien, en el año 2018, compró el 75% de la plataforma y, poco a poco, fue cambiando de enfoque a Onlyfans, hasta convertirla en lo que es hoy en día. 

Esta plataforma tuvo un auge especialmente importante durante la pandemia, donde muchos expertos coinciden que los hábitos sexuales cambiaron. 

Las experiencias de las mujeres en estas plataformas no son homogéneas. Factores como el autoconcepto y la autoestima, así como la clase social, la edad, la orientación sexual, la etnia y las condiciones económicas influyen significativamente en la forma en que se participa en estos espacios. 

La sexología positiva plantea que la expresión erótica puede constituir una dimensión saludable de la sexualidad cuando se ejerce desde el consentimiento, el placer y la autodeterminación. En este sentido, algunas mujeres experimentan estas plataformas como espacios de exploración identitaria y reafirmación sexual. Sin embargo, el ideal de libertad sexual puede verse limitado por estándares estéticos, exigencias algorítmicas y dinámicas de mercado que privilegian ciertos cuerpos y formas de erotismo por sobre otros.

Otra variable muy compleja es la explotación sexual, que se ha podido observar a través de estas plataformas digitales desde su creación. De Blas (2024), cita en su artículo a Raquel Pérez Benasco, vicepresidenta de la federación de mujeres jóvenes, que califica a Onlyfans como “una nueva forma de explotación sexual”.

La investigadora y redactora del informe señala que “la plataforma se ha convertido en un imperio digital de la pornografía y la prostitución virtual”. 

Según los datos que recoge este estudio, el 97% de las llamadas “creadoras de contenido”, mayoritariamente sexual y pornográfico, son mujeres, mientras que el demandante promedio es un varón de entre 25 y 44 años. Otra noticia muy alarmante surge a través de una exhaustiva investigación que reveló numerosos casos de menores de 18 años que se unían a la plataforma y la utilizaban para generar y vender material de abuso sexual infantil.

Si bien después de esa denuncia, OnlyFans reforzó sus medidas de seguridad tras aquella investigación, algunos menores siguen quedando desamparados. El centro nacional contra la explotación sexual ha recopilado numerosos estudios de caso sobre posibles abusos en la plataforma, incluyendo una gran cantidad de material de abuso sexual infantil. 

Por lo tanto, uno de los principales debates gira en torno a si estas plataformas representan una forma de empoderamiento o una nueva modalidad de explotación digital. Los discursos de libertad sexual enfatizan la capacidad de las mujeres para gestionar su imagen, establecer límites y obtener ingresos económicos a partir de su sexualidad. Mabel Lozano (2021), autora del libro “pornoXplotación”, señala que, generar ingresos a partir de la publicación de contenido sexual, es una dinámica que promueve la Prostitución 2.0; además de otros riesgos como que, aquello que se publica no se puede suprimir de la nube, y la sextorsión. 

Plataforma dedicada a la pornografia y la pristuciónDe hecho, a pesar de que se compartiera desde una cuenta privada, el material podría ser capturado, guardado y difundido sin consentimiento (INCIBE, 2022). Médicos del Mundo (2023), define la prostitución 2.0 como el intercambio de contenido erótico a través de Internet, y que se encuentra vinculado con la pornografía, que constituye uno de los principales recursos de aprendizaje en etapas como la adolescencia y/o la juventud. 

Sin embargo, desde una perspectiva crítica, es posible observar cómo la lógica del mercado transforma el cuerpo y el deseo en productos de consumo. La necesidad de atraer suscriptores, mantener visibilidad y competir por atención puede generar presión para ajustarse a determinados estándares corporales y conductassexualizadas. En este contexto, la aparente libertad puede coexistir con formas de autoexplotación que dependen de la constante evaluación y validación externa. La autoestima sexual puede verse fortalecida cuando las mujeres perciben control sobre sus decisiones y reciben reconocimiento positivo. Sin embargo, también puede volverse vulnerable cuando el valor personal queda excesivamente condicionado por métricas digitales, ingresos económicos o aprobación social.

Conclusión

Históricamente, el género femenino ha sido interpretado desde una matriz sociocultural patriarcal que ha subordinado su identidad, valor y rol dentro de estructuras definidas por el imaginario masculino. Esta visión hegemónica ha asignado a las mujeres una posición secundaria, frecuentemente asociada a la pasividad, la sumisión y la preocupación por la apariencia física como principal fuente de validación (Couture Bue, 2019). 


Desde ese punto de vista, estas plataformas digitales pueden ser bastante negativas para la sociedad y especialmente para las mujeres. Incluso, estas plataformas podrían significar un retroceso en el desarrollo del empoderamiento de la mujer.

Durante décadas, las mujeres han luchado por tener un rol más protagónico en la sociedad. Diferentes hitos como la declaración universal de los derechos humanos, adoptada por la asamblea general de las naciones unidas en 1948 y el posterior reconocimiento normativo en 1967 con la declaración sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer;la proclamación del año internacional de la mujer en 1975 y varias conferencias internacionales importantes que se llevaron a cabo posteriormente han significado importantes avances para posicionar a la mujer en un lugar protagónico de la sociedad. 

Sin embargo, llegaron estas plataformas digitales que por un lado permiten que las mujeres pueden ganar dinero exponiendo voluntariamente su cuerpo o partes de ella, por otro lado, se percibe nuevamente como un objeto sexual para satisfacer el sexo masculino. Si una mujer no logra ajustarse a los estándares estéticos y conductuales impuestos por el deseomasculino, su autoestima se ve profundamente afectada, generando sentimientos de insuficiencia, vergüenza y disconformidad con el propio cuerpo y la identidad de género. Si bien, en la mayoría de los casos, la mujer decide, esto no siempre es así, ya que muchas veces hay explotación sexual encubierto a través de estas páginas digitales. 

Por otro lado, una mujer que decide exponer su cuerpo de esa forma, y no tiene una autoestima tan fortalecida, puede verse muy afectada en su salud mental y terminar con un autoconcepto muy deteriorado.

Las plataformas digitales de contenido erótico representan un fenómeno complejo que no puede reducirse a categorías simplistas de empoderamiento o explotación.

Constituyen espacios donde coexisten oportunidades de autonomía, expresión sexual y generación de ingresos, junto con riesgos asociados a la mercantilización del cuerpo y la dependencia de la validación externa. 

Desde una perspectiva sexológica y de derechos humanos, resulta fundamental reconocer estas tensiones y promover una comprensión crítica que favorezca el bienestar, la autoestima sexual y la autonomía de las mujeres, sin ignorar las desigualdades estructurales que atraviesan sus experiencias.

 

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