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domingo, 23 de agosto de 2026

BOLIVIA: MEJORA CALIDAD DEL TRIGO, PERO REDUCE LA SIEMBRA

 

Los 600 kilos por hectárea de trigo que se producían en 2025 se han incrementado ahora a dos toneladas. 

Bolivia enfrenta una paradoja en la producción de trigo: mientras el rendimiento por hectárea muestra una mejora importante, la superficie destinada a este cultivo atraviesa una de sus peores campañas escribió Rodolfo Aliaga en el Diario .La Razón. 


Marín Condori, investigador de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM), explicó que el país históricamente ha sido deficitario en trigo y advirtió que la reducción del área sembrada puede generar consecuencias no solo para el abastecimiento del cereal, sino también para otros cultivos que dependen de la rotación.

“En el tema del trigo siempre hemos sido un país deficitario, pero esta ha sido una de las peores campañas en tema de área de siembra”, señaló a Canal Rural. Según los datos oficiales mencionados por el investigador, actualmente se manejan alrededor de 55.000 hectáreas sembradas. Sin embargo, el comportamiento del rendimiento presenta un panorama distinto.

Condori explicó que en 2025 los rendimientos se encontraban aproximadamente entre 500 y 600 kilos por hectárea, mientras que actualmente se habla de producciones que llegan a dos toneladas por hectárea.

El salto en productividad demuestra que existen capacidades para mejorar la producción, pero el investigador considera que el desafío está en lograr que los productores mantengan el trigo dentro de sus planes agrícolas.

Esta baja oferta, la peor en 30 años, obliga al país a depender fuertemente de las importaciones de Argentina y Paraguay. 

Trigo: análisis.

Para Condori, el trigo no debe analizarse únicamente desde la cantidad de cereal que produce. Su importancia también está vinculada al sistema de rotación de cultivos, especialmente en las zonas donde la soya tiene un peso importante.

“El trigo es un cultivo muy interesante en sistema de rotación”, explicó, al señalar que contribuye al control de malezas de hoja ancha que afectan principalmente a la soya.

Por ello, una reducción sostenida de la superficie cultivada podría generar problemas en el futuro. Si los productores abandonan el trigo y se concentran en otros cultivos, se debilitaría el sistema de rotación y podrían aumentar los problemas agronómicos.

A esto se suma un riesgo económico: una menor producción nacional puede traducirse en un aumento del contrabando y de las importaciones.

“De no tener ese sistema de rotación del trigo vamos a tener problemas serios a futuro”, advirtió Condori. El investigador también planteó una preocupación que trasciende al sector agrícola: si aumentan las importaciones, el país necesitará contar con suficientes dólares para pagarlas.

Investigación

Ante este escenario, el investigador considera que las políticas públicas deben mirar más allá del productor y generar incentivos para toda la cadena productiva, particularmente para la investigación y el desarrollo de semillas.

Advirtió que, sin apoyo, será difícil contar con empresas semilleras capaces de producir material de calidad o con instituciones dedicadas a desarrollar nuevas variedades adaptadas a las necesidades del productor boliviano.

“Es una cadena”, resumió.

Para el agricultor, explicó, cambiar de cultivo puede ser una decisión relativamente rápida cuando los números dejan de ser favorables. Pero detrás de la producción de semillas existe una inversión de años que no puede recuperarse de un momento a otro.

“Para el investigador, para el semillerista que está instalado y que atiende con semillas de calidad es un costo adicional”, sostuvo.

Semillas

El desarrollo de una nueva variedad tampoco es inmediato. Condori explicó que desde el inicio del proceso hasta el lanzamiento de una nueva semilla pueden transcurrir seis a ocho años.

Por eso, el debate sobre el trigo no se reduce a cuántas hectáreas se sembrarán en una campaña. Para el investigador, está en juego la capacidad del país para sostener una producción nacional, mantener sistemas de rotación que protejan otros cultivos y construir, con investigación y semillas de calidad, una agricultura menos dependiente de las importaciones.

El desafío ahora es que las políticas públicas acompañen ese proceso antes de que la reducción del área sembrada termine convirtiéndose en un problema mayor para el abastecimiento y la producción agrícola del país.

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