Hay
más grupos criminales en la región que pelean por el control del negocio de las
drogas, préstamos ilegales y armas en más zonas. Esta entrevista explica cómo
ha sido la escalada de violencia.
Por Ana María Saavedra Saavedra
La violencia en
América Latina es uno de los grandes desafíos que enfrentan los gobernantes de
esta región, la más violenta del mundo. El panorama va desde masacres,
cárceles controladas por bandas delincuenciales donde
se ordenan actividades criminales, ciudades militarizadas y
hasta el asesinato de candidatos presidenciales.

En Diálogo Político (Adenauer Stiftung) analizamos
esta situación junto a Steven Dudley, codirector y fundador de InSight Crime, y Lara Loaiza, investigadora de este centro de
pensamiento.
Lara Loaiza Steven Dudlwy
Grupos y drogas
¿Cómo entender el desborde de violencia
en América Latina?
Lara Loaiza (LL): El crimen organizado se
convierte en un factor clave para entender la violencia de América Latina. Más
allá de las particularidades de cada país vemos ciertas cosas que ocurren a
través de la región. El tema del narcotráfico sea cocaína o
sea drogas sintéticas, es un factor conductor de violencia en
varios países. También podemos ver la atomización de los grupos criminales y,
entre más grupos, pelean por menos recursos en términos de control de economías criminales. Tenemos más violencia.
Steven Dudley (SD): Lo que hemos visto en
varios países es un proceso de atomización de los grupos y un cambio de
economías criminales, que son dos fenómenos paralelos. Hemos visto un
crecimiento de grupos que subcontratan a otros grupos o
se van uniendo con otros grupos criminales. Es decir, tienes un grupo de
narcotráfico que se suma a un grupo de pandilleros. Un grupo está buscando
entrar a las actividades criminales internacionales y
el otro grupo subsiste de economías locales.
Es un fenómeno que va creciendo encima de sí mismo
y tiene un efecto acumulativo. Lo hemos visto en Colombia, en Ecuador, en
Honduras, en México y en partes de Brasil. Estos grupos van creciendo
como pequeños ejércitos y la forma de financiar esos ejércitos es darles cada
vez más libertad e independencia. Así van entrando en pugnas entre ellos por
esas economías criminales locales. No es solamente una pugna por el control de
las economías grandes de cocaína o drogas sintéticas, sino que hay un crecimiento
de conflictos locales.
El gota a gota
Paralelo al
narcotráfico están otros delitos que van desde el “gota gota” (prestamistas),
hasta el control del contrabando o el tráfico de migrantes. ¿Qué han podido
identificar de estas economías ilegales?
LL: Hemos visto, por ejemplo, en Perú que el aumento de la violencia
se da en parte por la pugna, por el “gota gota”. Es una economía criminal
bastante grande en ese país por la extorsión, y también hay peleas por el
microtráfico. Eso ocurre en Bahía, Brasil, donde hay luchas de los grupos
pequeños, que están financiadas por grupos más grandes, no sólo por el control
de rutas del narcotráfico, sino por el control del mercado local.
También hemos tenido
disputas por las rutas de contrabando, del tráfico de
migrantes, con el aumento de los flujos migratorios. Hay una economía ilegal
bastante grande que mueve muchísimo dinero. Piensa, por ejemplo, la cantidad de
dinero que se mueve por el Darién, entre Colombia y
Panamá, o en la frontera entre México y Estados Unidos. Hay grupos que
aprovechan estos movimientos para cobrar, no solo los migrantes, sino también a
los grupos o a los “coyotes” que mueven a los migrantes. Hay toda una cadena de aprovechamiento criminal en estas economías.
SD: Estas economías locales ilegales se nutren de los mismos problemas que
las economías locales. El “gota gota” surge en muchos espacios porque se
acaban ciertos programas gubernamentales, hay una
crisis económica. Hay que ligar el surgimiento de estas economías ilegales con
los fenómenos económicos que están viviendo estos países. No es
casualidad que en muchas partes de la región surjan los “gota gota” después de
la pandemia.
El Tren de Aragua
En Insight Crime han
publicado varios informes del Tren de Aragua y su presencia en varios países
como Chile, Perú, Colombia. ¿Cuáles son los principales hallazgos?
LL: Identificamos que ellos aprovecharon los flujos migratorios que
iban saliendo de Venezuela para expandirse a los países de Sudamérica,
especialmente Perú y Chile, donde las barreras de entrada del mundo criminal no
eran tan altas porque no había una criminalidad consolidada. Allí han
victimizado a la población local. Entraron a dominar estos mercados criminales
urbanos, que son la extorsión, el “gota a gota”, trata de personas con fines de
explotación sexual y una parte del microtráfico. En países como Colombia y
Ecuador, la criminalidad urbana estaba más consolidada, por lo que su entrada
fue más difícil. Y en Bogotá se ha originado una ola de violencia por la
disputa con otros grupos.
Ecuador y la violencia
¿Cómo Ecuador, un
país con menos violencia que su vecina Colombia, terminó con una de las tasas
de homicidio más altas?
LL: Ecuador fue una mezcla de varias cosas. Esto era una bomba de tiempo.
Ecuador es el punto de salida del narcotráfico por el Pacífico más importante, después de Colombia. Tienes
una cantidad de dinero que fluye por el tráfico de drogas y llega a grupos
ilegales, como bandas pequeñas, y comienzan a generar relaciones comerciales,
por decirlo de esta manera, con grupos de crimen organizado extranjeros:
carteles mexicanos, albaneses y los colombianos, que les pagan por hacer el
acopio y el transporte de la cocaína a través
del país.
Esto les permitió
evolucionar y pasar de ser pequeños grupos para convertirse en organizaciones
criminales con más capacidad de reclutamiento, más armas y más dinero para
corromper. Otro de los factores que llevó a esta situación es la corrupción en las fuerzas de seguridad, en el sistema
judicial y en el sistema penitenciario. Y la capacidad del Estado para
responder al crimen organizado disminuye y tienes un sistema penitenciario que
está desbordado.
SD: Además, a partir de 2017 se cortaron programas sociales y educativos.
La población de las cárceles crece de manera desbordada y dentro de las
cárceles existe una diferenciación entre los de las mafias y, como llaman
ellos, “los no-mafia”.
Y los que terminan
controlando la situación del bajo mundo son los grupos más ligados al
narcotráfico, quienes en algún momento determinado toman el control de las cárceles. Como hay un incremento del flujo
de personas que van entrando y saliendo de las cárceles, esto hace que ellos
tengan más control de los que están por fuera de las cárceles.
Bukele y su modelo
El discurso de mano dura que ha posicionado Nayib
Bukele está siendo replicado por políticos de la región. Incluso, el presidente
de Ecuador va en la misma línea.

SD: El Salvador es un país en el que ha se encarcelado en menos de dos
años a casi el 2% de su población. Es un proceso desbordado y no tiene ningún
fundamento en la Constitución salvadoreña. Ahora hay casi 80.000 personas más
en las cárceles de El Salvador.
Si miramos el caso de Ecuador, sabemos que es
veinte veces más grande que El Salvador. Entonces, ¿cómo es que van a
implementar la misma política? Son debates ingenuos que
se escuchan en la región y que muchos políticos están intentando usar en época
electoral para venderle humo a sus electores con
esa idea de mano dura contra la inseguridad, que es uno de los problemas que
más nos afecta.
Guerra
contra las drogas
Gobernantes como AMLO reclaman que
Estados Unidos tenga más contundencia en la lucha contra las drogas y otros
como Petro insisten en que ese modelo ha fracasado.
LL: Es claro que no ha funcionado. La producción de cocaína está en
sus máximos históricos. Hay nuevas drogas, la producción ilegal de fentanilo y el desvío de fentanilo médico es uno de
los grandes problemas. Esto no deja ver que la guerra contra las drogas no ha
dado frutos. En los países productores, donde se tiende a poner toda la presión
se ha generado es un tema de violencia y la criminalización de los cultivos de
coca no ha generado la disminución de estos.
La estrategia contra las drogas no se ha planteado
en una forma en la que se ataquen toda la cadena del narcotráfico, incluyendo
en los países en los que se comercializa. Y todo esto genera espacios para el
crimen organizado.