El modelo económico paraguayo: ¿Un ejemplo para Sudamérica?»: el título de un artículo periodístico de septiembre de 2025 ponía el foco en la forma en que Paraguay busca proyectarse hacia la región y más allá de ella bajo el gobierno de Santiago Peña. En la cumbre de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) reunida en Asunción, el presidente argentino, Javier Milei, presentó a Paraguay como un «ejemplo de lo que hay que hacer en materia económica» para toda Sudamérica.
Peña forma parte de ese club de las derechas radicales pero, a diferencia de otros líderes de esa tendencia, no es afecto a la retórica incendiaria ni a la ruptura espectacular. Su singularidad es otra: preside un país gobernado por el mismo partido durante 75 años de forma casi ininterrumpida y debe conjugar una imagen de renovación tecnocrática con las reglas de una maquinaria política que no siempre responde a su voluntad.
Santiago Peña llegó a la Presidencia de Paraguay en agosto de 2023 con un perfil inusual para el Partido Colorado, cuya estructura de poder se construyó sobre caudillos con base territorial propia. A diferencia de sus antecesores, Peña es un economista sin estructura electoral ni liderazgo partidario, que llegó al poder impulsado por la maquinaria política de su mentor, el ex-presidente Horacio Cartes, quien gobernó el país entre 2013 y 2018.
Fue en verdad Cartes quien le dio un rostro empresarial al coloradismo, en un escenario en el cual el éxito en el sector privado y la visibilidad asociada a la dirigencia deportiva eran activos claves para la competencia electoral. Peña es magíster en administración pública por la Universidad de Columbia y fue funcionario del Banco Central durante casi una década, economista del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el Departamento Africano de la organización con sede en Washington y ministro de Hacienda de Cartes a los 36 años.
A los 44 años se convirtió en el presidente más joven de la era democrática paraguaya, un dato que refuerza tanto su perfil de renovación generacional como su dependencia del aparato que lo hizo posible. Esa combinación de credenciales tecnocráticas y dependencia política de su mentor no es un detalle biográfico, sino la clave de lectura de su gobierno, y es también lo que convierte a Paraguay en una ventana poco explorada al ciclo conservador latinoamericano.
La presidencia de Peña puede definirse como una «tecnocracia bajo tutela»: un gobierno que proyecta hacia afuera una imagen de modernización económica y alineamiento con Washington, mientras hacia adentro debe gobernar dentro de las reglas de un partido que lleva casi ocho décadas en el poder -incluida la larga dictadura de Alfredo Stroessner- y que no siempre responde a la voluntad del actual presidente. Su perfil tecnocrático le permite funcionar como puente entre las prácticas políticas tradicionales para mantenerse en el gobierno de la Asociación Nacional Republicana (ANR) –nombre oficial del Partido Colorado, fundado en 1887– y las exigencias de los mercados globales, proyectando una imagen de renovación que convive con un programa claramente conservador.
El pragmatismo calculado de su gobierno ha encontrado su norte definitivo en el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca: la apuesta central es convertir a Paraguay en el aliado más confiable de Washington en el Cono Sur, un país previsible, estable y abierto a la inversión, pero al mismo tiempo moldeado como bastión ideológico frente a los restos del progresismo latinoamericano.
Ese doble registro es uno de los rasgos distintivos del gobierno de Santiago Peña y lo ubica en sintonía con liderazgos como los de Argentina o El Salvador, aunque sin compartir en absoluto su estridencia.
ACERCAMIENTO CON TAIPEI
El presidente de Paraguay, Santiago Peña, manifestó el pasado viernes en visita a China Nacionalista que se valoran profundamente sus vínculos con Taiwán, en una muestra de solidaridad con la democracia insular un día después de que Beijing pidiera al país sudamericano que rompiera relaciones diplomáticas con Taipéi.
Paraguay es el único país de Sudamérica y uno de 12 en todo el mundo que reconoce a Taiwán. Sin embargo, Beijing (capital de China comunsta) considera que la isla forma parte de su territorio y en los últimos años ha intensificado su campaña para atraer a los aliados diplomáticos de Taipéi, además de aumentar la presión militar alrededor del territorio.
En un acto de honores militares, Peña señaló que la ceremonia simbolizaba la determinación inquebrantable de ambas partes para seguir profundizando sus lazos y su asociación, según un intérprete. Añadió que, sobre la base de valores compartidos como la democracia, la libertad y los derechos humanos, seguirá apoyando a Taiwán y promoviendo la asociación estratégica bilateral.
“Paraguay valora enormemente la relación”, afirmó, citado por el intérprete, en el exterior de la oficina presidencial taiwanesa.
Paraguay es el único país de Sudamérica y uno de 12 en todo el mundo que reconoce a Taiwán. Beijing considera que la isla forma parte de su territorio y en los últimos años ha intensificado su campaña para atraer a los aliados diplomáticos de Taipéi, además de aumentarP la presión militar alrededor del territorio.
El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, agradeció a su homólogo y al gobierno de Parauay por alzar la voz por Taiwán y respaldar firmemente su participación internacional, seg{un inform{o la agencia AP.
“Creo que la amistad entre Taiwán y Paraguay se profundizará aún más y su cooperación será más estrecha gracias a la visita del presidente Peña”, manifestó Lai.
La reafirmación de los lazos se produjo después de que el portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Lin Jian
Fuente principal: Nueva Sociedad
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