En política, especialmente en el oficio de gobernar, el lenguaje sigue siendo importante, como es el caso cuando se gestiona un proyecto audaz, complejo y relevante, como el de Reconstrucción Nacional; cuestiones de lógica, racionalidad y univocidad, exigen preferente atención. La vieja y probada técnica de corrección de pruebas, bien ejecutada, evita malos ratos y metidas de pata.
El llamado segundo piso del Palacio de La Moneda, esta novedad institucional creada por los gobiernos concertacionistas, se supone debe funcionar como instrumento de asesoría y asistencia al Presidente de la República, pero no como parte de la gestión de gobernar, si bien hubo ocasiones cuando el jefe del segundo piso tuvo singular notoriedad, caso de Ernesto Ottone con el Presidente Ricardo Lagos.
En la situación vigente, parecen haber surgido varias situaciones en las cuales los jefes del segundo piso confundieron asesorar con gestionar; el pesado llamado de atención del Senador Squella parece haber contribuído a calmar las aguas. Mientras tanto, los señores Irarrázaval y Valenzuela harían bien recordando que una cosa fue manejar, eficientemente, la Oficina del Presidente Electo OPE, y otra muy distinta es encabezar el equipo de asesores presidenciales.
La salida del entuerto va por reencontrar las raíces de la tradición institucional; en la gestión de gobernar el Presidente de la República es acompañado por el Ministro del Interior, quien históricamente en la ceremonia de transmisión del mando jura su cargo sólo, inmediatamente después del Presidente, antes del resto de los ministros.
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