A finales de 2025, los precios se dispararon y los locales de electrónica y telefonía de los centros comerciales de Alaeddin y Charsu se fueron vaciando. Estos comerciantes fueron los primeros en bajar la persiana y salir a protestar el 28 de diciembre de 2025. La huelga fue rápidamente secundada por otros comerciantes del Gran Bazar de Teherán.
Políticamente, la identidad de quienes protestan es importante. Históricamente conservadores, a menudo religiosos, los baazaris fueron poco propensos a la protesta política. Habían sido la punta de lanza de la revolución de 1979. Desde entonces, mantienen vínculos estructurales de lealtad con el Estado. Su movilización significa que este ya no es capaz de garantizar su función mínima: mantener la economía.
A partir de la tarde del segundo día de disturbios, el 29 de diciembre, la protesta pasa del bazar a las calles de Teherán, donde se organizan manifestaciones. Los manifestantes corean consignas como «Âzâdi» (Libertad) y «Muerte al dictador», lo que hace que la movilización derive rápidamente hacia reivindicaciones políticas.
Simultáneamente, estallan protestas en regiones como Zanyán (ciudad turcófona al oeste de Teherán), Qeshm (isla del sur de Irán) y Hamadán (gran ciudad del oeste de Irán, con una población turcófona, kurda y persa).
Al tercer día, la protesta se extiende a las grandes ciudades del país: Mashhad, Karaj, Yazd, Kermanshah, Shiraz, Isfahán, especialmente en sus bazares (textiles, muebles, productos metálicos, frutas y verduras).
La clase media baja de los centros urbanos, empobrecida por una inflación descontrolada, es la primera en sumarse al movimiento. Con salarios que rondan los 90 dólares al mes y el fuerte aumento de los precios de los alimentos, los hogares más modestos han llegado a un punto de ruptura.
El 31 de diciembre, la protesta se diversifica socialmente con la llegada de estudiantes, en particular los de las universidades Amir Kabir y Sharif de Teherán, Tecnológica de Isfahán, Yazd y la Khayyam de Mashhad.
A partir del 1 de enero, se sumaron a las protestas las ciudades pequeñas y medianas (entre 10.000 y 100.000 habitantes). Este es principalmente el caso de las pequeñas ciudades marginadas a lo largo de la cadena montañosa de Zagros, que atraviesa el país desde el centro-sur hacia el oeste, localidades que se convierten en importantes focos de movilización debido a la regularidad e intensidad de las manifestaciones. El fenómeno es especialmente visible en las provincias de Lorestán, Ilam, Kermanshah, Fars, Chahar Mahal y Hamadán, donde la economía local combina la agricultura, la industria y el pequeño comercio.
Se trata de regiones en gran medida religiosas y conservadoras, que se mantuvieron tradicionalmente al margen de los ciclos de protesta, como Mujer, Vida, Libertad, en 2022-2023. Su inusual participación en las actuales manifestaciones ha tenido una gran repercusión en las redes sociales y ha contribuido a incitar a otros grupos sociales a unirse a un movimiento cada vez más político.
El Arco de Zagros se refiere a la gran
cordillera montañosa que forma una curva a lo largo del margen occidental de
Irán, abarcando también partes de Irak y Turquía, extendiéndose desde el
noroeste de Irán hacia el Golfo Pérsico, y es una barrera natural geológica y
cultural, producto de la colisión entre las placas tectónicas Arábiga y
Euroasiática, con picos importantes como el Dena mountain y una rica historia cultural con sitios
arqueológicos como Taq-i Bostan.
Colapso del contrato social
Es en estas capas donde el Estado solía encontrar su base social e ideológica durante las elecciones y eventos nacionalistas o religiosos. También es ahí donde recluta efectivos para sus cuerpos de seguridad (policía, milicias, Guardianes de la Revolución y Ejército). Durante mucho tiempo, en Lorestán era incluso una fuente de prestigio contar con un miembro de la familia en estas instituciones. En otras palabras, estas fuerzas presentan un perfil sociocultural similar al de una parte de los manifestantes. Sin embargo, por medio de la deslocalización territorial de las unidades y del encuadramiento ideológico de las tropas mediante la propaganda estatal, se debilitan sus vínculos de proximidad con las poblaciones locales y las fuerzas se mantienen, al menos en apariencia, muy unidas.
El vuelco de estas poblaciones va más allá de las cuestiones económicas y refleja, por tanto, el colapso de un contrato social tácito en estas regiones: lealtad a cambio de protección, empleo y reconocimiento simbólico. Las regiones de Zagros se encuentran entre las más afectadas por el desempleo.
Según el Centro de Estadísticas de Irán, la tasa oficial de desempleo
alcanzó el 12% en 2023 -un porcentaje probablemente muy subestimado-, frente a 8,1% en el nivel nacional. Cuatro de las siete regiones más afectadas se encuentran en el «arco de Zagros».
Movilización de las clases medias
El 1 y el 2 de enero, los barrios populares y de clase media de las grandes ciudades, donde se concentran empleados, estudiantes, pequeños comerciantes, asalariados, desempleados y obreros, se convirtieron en escenario de manifestaciones (en barrios como Tehranpars, Narmak, Nazi Abad, Sadeghieh en Teherán, Arak, Rasht, Hamadán). Sin embargo, los suburbios populares de Teherán, activos en las manifestaciones de 2019, no se movilizaron en masa.
Las actuales protestas no se limitan a los jóvenes. En numerosos videos, especialmente en los entornos industriales y rurales, se ve manifestarse a personas de entre 50 y 60 años, una generación tradicionalmente poco contestataria.
Los días 2 y 3 de enero, los funerales de los manifestantes vuelven a actuar como catalizadores de la protesta, especialmente en las ciudades pequeñas y medianas. Los días 4 y 5 de enero continúan las huelgas en el Gran Bazar de Teherán (en sectores como tejidos, oro, electrónica) y las manifestaciones se extienden a las ciudades del mar Caspio (Rasht, Lahijan, Sari). Sindicatos de camioneros, jubilados y comerciantes, así como asociaciones de escritores, apoyan las manifestaciones. Ya sean formales o informales, estas redes sindicales constituyen una fuente de gran preocupación para el Estado, ya que en el pasado han sido el origen de movimientos sociales y huelgas a gran escala.
En el undécimo día de protestas, el miércoles 7 de enero, la represión se cobró 29 muertos y 2.217 detenciones, según la organización Human Rights Activists in Iran (HRANA). A pesar de la violencia, la movilización continúa y las acciones de sabotaje se dirigen contra símbolos del régimen: bases de milicianos, fundaciones Jomeini y sedes de las gobernaciones.
Las periferias étnicas y religiosas
Durante el periodo inicial de las protestas, algunas regiones se mantuvieron al margen de la movilización. Si bien las regiones kurdas de mayoría chiita y de lengua kalhori (provincias de Ilam y Kermanshah)3, se movilizaron intensamente, el Kurdistán y las zonas kurdas de Azerbaiyán occidental, en el noroeste del país (mayoritariamente sunitas, de lengua sorani o kurmanji) se mantuvieron cautelosas y salieron poco, a pesar de haber sido el corazón del movimiento Mujer, Vida, Libertad en 2022-20234. Los partidos kurdos, muy bien implantados en las regiones de mayoría sunita, están divididos sobre las estrategias a adoptar y el objetivo de la protesta. Por lo tanto, no convocan manifestaciones. Por el contrario, en las regiones kurdas de mayoría chiita (Ilam, Kermanshah), la menor implantación de los partidos kurdos, la conexión con las cadenas de televisión por satélite en lengua persa de la diáspora y la coexistencia de identidades kurdas e iraníes hacen que estas poblaciones sigan en mayor medida las dinámicas internas del Irán central.
Lo mismo ocurre en Baluchistán, en el sureste del país, donde no se han producido manifestaciones masivas en esta primera fase. En estas dos regiones, el trauma de la represión del movimiento Mujer, Vida, Libertad sigue muy vivo: casi la mitad de las 551 muertes registradas entre 2022 y 2023, según Iran Human Rights, procedían de allí. Otros espacios, como Azerbaiyán, en el noroeste del país, con una población mayoritariamente turcoparlante, también se mantienen al margen de las protestas. Nuestras entrevistas sugieren que la gran visibilidad de los eslóganes monárquicos en los videos que circulan por las redes sociales y los canales por satélite actúa como un repelente para muchos azeríes. A sus ojos, la época de los Pahlaví se caracterizó por la represión, las desigualdades de desarrollo y riqueza en todo el país y la población, y la negación de sus identidades culturales.