Para el presidente Donald Trump, las elecciones de este martes son en gran medida en torno a él. Para sus colegas republicanos, el riesgo es que los votantes estén de acuerdo
Las elecciones de mitad de mandato casi siempre funcionan como un referéndum sobre el partido del presidente, y por lo general se producen derrotas.
Pero las decisiones de Trump de imponer aranceles, iniciar una guerra y supervisar extravagantes remodelaciones en Washington —en gran medida sin consultar al Congreso— han hecho más difícil para los republicanos sortear esos históricos vientos en contra.
De acuerdo con las últimas encuestas antes de las elecciones de este martes en EE.UU. auguran un gran vuelco a favor de los demócratas en la disputa por el Congreso, con ventajas incluso en bastiones republicanos, y la posibilidad de que Donald Trump inicie la segunda mitad de su presidencia con un Legislativo hostil.
El sondeo más reciente de The New York Times y el instituto Siena estima que los republicanos perderán las contiendas al Senado en Míchigan, Texas, Maine, Ohio, Kansas y Alaska, mientras que Iowa se mantiene aún sin ganador claro.
Los demócratas defienden el escaño de Míchigan, mientras que los otros seis están en manos republicanas. Una victoria demócrata en Texas sería la primera en una elección al Senado por ese estado desde 1988, en Kansas supondría la primera desde 1932.
Los republicanos no pueden culpar a administraciones pasadas
por las consecuencias de esas decisiones cuando Trump se las ha
atribuido de manera tan enfática. Tampoco pueden distanciarse
con facilidad de un presidente impopular que exige lealtad y que
con frecuencia les dice a los votantes que la economía está
perfectamente bien.
En prácticamente cada momento clave antes de las
votaciones de hoy Trump ha complicado la tarea de proteger las
mayorías republicanas en el Congreso.
La guerra con Irán está “haciendo exponencialmente más difícil
para los republicanos conservar la Cámara y el Senado”, afirmó
en un debate el representante Derrick Van Orden, de Wisconsin,
uno de los republicanos más vulnerables en la Cámara de
Representantes, al tiempo que señaló su apoyo al esfuerzo.
Los movimientos tardíos de Trump para impulsar al Partido
Republicano quizá no han sido suficientes. Los republicanos han
tenido una ventaja clara: el dinero
Los grupos políticos de Trump gastaron casi 277 millones de
dólares para impulsar a los republicanos desde septiembre, una
cifra asombrosa que los pone este año en camino de convertirse
en la elección legislativa más cara de la historia. Pero quizá no
sea suficiente para llevar al Partido Republicano a la victoria.
Los impuestos de Trump a las importaciones alteraron la
economía agrícola y desencadenaron una guerra comercial con
Canadá, lo que puso a los republicanos a la defensiva en
contiendas al Senado desde Iowa, Michigan y Kansas hasta
Nebraska, Ohio y Maine. La guerra con Irán, que él dijo que
terminaría en semanas, continuaba ocho meses después sin una
estrategia clara para concluirla, en marcado contraste con su
promesa de no involucrarse en conflictos en Oriente Medio.
“Las acciones de esta administración son directamente
responsables del aumento de los costos”, declaró el expresidente
demócrata Barack Obama en Ohio.
Trump ha mostrado poca empatía hacia los estadounidenses que
se complican con el aumento de los costos. Ha desestimado los
problemas de asequibilidad como un “engaño” y dijo en un mitin
en Georgia que no le importaba “un carajo” la crítica por los
precios de la gasolina, incluso mientras celebraba las ganancias de las empresas petroleras y gasíferas de Estados Unidos.
Mientras tanto, él se ha vuelto mucho más rico, al obtener 1.200
millones de dólares provenientes de negocios de criptomonedas
mientras la mayoría de los inversionistas perdió dinero.
Al hacer campaña con demócratas en contiendas competitivas
para la Cámara de Representantes recientemente en Virginia, el
exsecretario de Transporte, Pete Buttigieg, sostuvo que “la
corrupción que hemos visto está directamente conectada con el
dolor que la gente está sintiendo económicamente”.“No se pueden separar estas cosas”, señaló Buttigieg, un posible candidato presidencial en 2028.
Algunos votantes también están molestos por las prioridades de
Trump, incluida su lujosa transformación de Washington.
Un salón de baile que el presidente de la Corte Suprema, John
Roberts, consideró “probablemente ilegal” se está levantando
sobre la Casa Blanca, mientras la administración republicana da
señales de que podría comenzar a trabajar en la construcción de
un arco triunfal cerca del Cementerio Nacional de Arlington.
Trump ha dicho también que desafiará a un juez federal y
avanzará más adelante este mes con planes para cerrar un
parque a lo largo del río Potomac que durante mucho tiempo ha
servido como telón de fondo para picnics familiares, paseos
escénicos en bicicleta y golf asequible, para dar paso a un campo de golf “de clase mundial”.
En 2018, los demócratas ganaron 40 escaños en la cámara baja, y
ganaron 31 durante el segundo mandato del republicano George
W. Bush en 2006. Los republicanos, por su parte, sumaron 63
escaños en 2010 durante el gobierno de Obama, pero obtuvieron
menos de 10 en 2022 con el presidente demócrata Joe Biden.
Las elecciones de mitad de mandato, históricamente, han sido
dificiles para el partido del presidente.
En la elección intermedia pasada de Trump la redistribución de
distritos ha reducido el número de la Cámara de Representantes
verdaderamente competitivos, pero Trump ha añadido
dificultades para el Partido Republicano al intervenir en varias
contiendas al Senado de maneras que, en última instancia,
podrían borrar su mayoría. La baja aprobación de Trump
podría pesar sobre los republicanos.
Aproximadamente un tercio de los adultos de Estados Unidos
aprueba la manera en que Trump está manejando la presidencia,
según un sondeo de The Associated Press-NORC Center for
Public Affairs Research.
En octubre de 2006, alrededor del 37% de los adultos de Estados
Unidos aprobaba el desempeño de Bush, mientras que cerca del
45% aprobaba el desempeño de Obama justo antes de las
elecciones de 2010, según sondeos de Gallup.
Cuando sus índices de aprobación caían, presidentes anteriores como Bush y Obama, daban a los miembros de su partido margen para tomar cierta distancia. Trump, por lo general, no da ese tipo de espacio, lo que lleva a los candidatos a dar pasos más sutiles, como eliminar menciones del presidente de sus sitios web.
Los demócratas han mantenido la presión, gastando cientos de
millones en publicidad que vincula a los republicanos con Trump.
Un anuncio demócrata en Michigan, por ejemplo, califica al
republicano Mike Rogers, excongresista, como “totalmente a favor de la guerra, totalmente a favor de Trump”.
Los demócratas también tienen sus propios riesgos
Con todos los desafíos del Partido Republicano, los demócratas
también enfrentan riesgos. A medida que algunos en el partido
se muestren más confiados en sus expectativas,.
“Una elección de mitad de mandato casi siempre es una señal y
una reacción al partido en el poder”, explicóun portavoz republicano.de .
“Lo que hagamos, a partir del 1 de enero, si logramos voltear la
Cámara de Representantes, va a ser una prueba para esos votantes
indecisos sobre si tomaron una buena decisión”.

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