Un tsunami conservador arrolló a Brasil el 4 de octubre. Conservador, aunque no exclusivamente bolsonarista. El candidato de extrema derecha, Flávio Bolsonaro, recibió el voto del bolsonarismo radical y el de buena parte de las derechas. Reunió el voto contra la izquierda y el de millones de personas desencantadas con una realidad en la que, pese a los indicadores económicos bajo control, la vida se vuelve más y más difícil.
El candidato del Partido Liberal (PL) se
impuso por sorpresa en la primera vuelta de las elecciones presidenciales con
47,03% de los votos. Consiguió 2.224.965 votos más que el presidente Luiz
Inácio Lula da Silva, quien cosechó 45,16%. Ninguna encuesta anticipó el
resultado. El hijo del ex -presidente Jair Bolsonaro votó en Río de Janeiro
convencido de que ganaría en la primera vuelta, guiado por los sondeos internos
de su partido.
El gobernador de San Pablo y fiel aliado
del bolsonarismo, Tarcísio de Freitas, arrasó con 62,65% de los votos válidos
frente a Fernando Haddad, ex-ministro de Hacienda y ex-candidato presidencia
del Partido de los Trabajadores (PT).
Cleitinho Azevedo, un candidato
evangélico también aliado de Bolsonaro, dio otra sorpresa al imponerse en la
primera vuelta en Minas Gerais, el segundo distrito electoral del país.
La izquierda apenas ganó tres de los 19
estados cuya elección se definió en primera vuelta y disputará otros dos en el
balotaje.
El resultado de las elecciones legislativas también fue un golpe para el PT, en especial las del Senado. Las ex-ministras Marina Silva y Simone Tebet, candidatas en San Pablo, quedaron fuera, al igual que Benedita da Silva, una figura histórica del PT, en Río de Janeiro.
En ambos estados triunfaron candidatos de extrema derecha. Con 29 senadores, el PL de Bolsonaro se consolidó como el principal partido de una Cámara Alta ampliamente controlada por la derecha.
El PL también amplió su presencia en la Cámara de Diputados: consiguió 121 bancas, 22 más que en 2022.
El triunfo del bolsonarismo en las elecciones legislativas también tuvo una dimensión simbólica: triunfaron sus figuras más conocidas y de línea dura. La ex-primera dama Michelle Bolsonaro y Carlos Bolsonaro, respectivamente esposa e hijo de Jair Bolsonaro, fueron elegidos senadores.
Sérgio Moro, el juez que
encarceló a Lula en 2018, es el nuevo gobernador de Paraná sin necesidad de
balotaje. Al mismo tiempo, el joven político e influencer Nikolas
Ferreira se convirtió en el diputado más votado de la historia, con 3.119.314
votos en Minas Gerais. Su apoyo a través de transmisiones en vivo y
publicaciones en redes sociales ayudó a que se eligieran diputados de extrema
derecha en todo Brasil. Mientras tanto, fracasaron las candidaturas de casi
todas las figuras históricas de la izquierda.
Lula se impuso en el Nordeste, su gran bastión (66,76% frente a 30,85%), pero Flávio Bolsonaro mejoró en 3,97 puntos porcentuales el resultado de su padre en la primera vuelta de 2022 en esa región.
En el crucial Sudeste, que concentra casi a 66,5 millones de electores, Lula perdió 1,8 millones de votos con respecto a 2022. Sin embargo, la explicación del aumento de los votos para Flávio Bolsonaro (3,83 puntos porcentuales más que Jair en 2022) es más compleja: abarca todo el país y responde a diferentes causas.
¿De dónde surge el vigor electoral de un candidato al que, según algunas encuestas, rechaza 56% de la población? ¿Es posible que Lula gane en el balotaje cuando la mayoría de los demás candidatos, que se sitúan del centro a la derecha y suman 7,58% de los votos, ya han llamado a votar por Bolsonaro?
Hay demasiado expectación en la segunda vuelta para ambos candidatos que ya está fiajada para el domingo 31 de octubre.

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