Mientras Irán, Ucrania, la OTAN, Donald Trump y Benjamín Netanyahu, el Estrecho de Ormuz, los Emiratos, concentran las pantallas y portadas, Líbano queda en segundo plano. Sin embargo, el acontecer en ese país es muy grave y merece la más seria consideración.
Líbano es un país indefenso, llegó a esa condición por culpa del liderazgo irresponsable de sus mayorías católica maronita y musulmana en las décadas de los 1970 y 80, esos líderes no entendieron los drásticos cambios en el medio circundante.
Estos fueron el gobierno del Primer Ministro Menachem Begin en Israel y el mando del ejército en manos del General Ariel Sharon, y el régimen gobernante en Siria bajo la dictadura del General Hafez el Assad.
El único que pareció entender la situación fue Walid Jumblatt, líder de la minoría étnica drusa, quien optó por sacar a su gente del conflicto y refugiarse en las montañas, hasta el día de hoy.
En el año 1982, primer gobierno del Presidente Ronald Reagan, siguiendo órdenes del Primer Ministro Begin, el ejército israelí entró al Líbano con el propósito de terminar el mando de Yassir Arafat y el grupo paramilitar Al Fatah a la sazón en ese país, en aquella ocasión Ariel Sharon llegó a Beirut solo para encontrar que Arafat y Al Fatah se habían hecho fuertes en extensos sectores de una ciudad de más de un millón de habitantes, ofreciendo la peor alternativa posible de una batalla calle por calle casa por casa.
Sharon optó por retirarse no sin antes, en complicidad con las fuerzas del clan de la familia maronita Gemayel, perpetrar las masacres de palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Shatila.
Por su parte, simultáneamente, los Estados Unidos intervinieron con naves de la Sexta Flota en el Mediterráneo, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial se usó un acorazado de línea, el New Jersey, para bombardear con sus cañones de trece pulgadas objetivos militares, se nos dijo; un atentado terrorista contra un campo militar norteamericano dejó más de doscientos muertos.
Una de las consecuencias de todo aquel asunto fue la fundación, por el Jeque Hassan Nasrallah, de un grupo paramilitar llamado Hezbollah integrado por musulmanes chiítas, un grupo libanés minoritario desde un comienzo alineado con el régimen teocrático iraní, entonces encabezado por su fundador el Ayatolah Jomeini.
Sin perjuicio de participar en la política libanesa mediante un partido político y diputados en el Parlamento Hezbollah, con el tiempo un ejército irregular, se hizo fuerte en el sur del Líbano, zona limítrofe con Israel, en la cual se encuentran las fuentes del Río Litani pieza clave de próspera agricultura en manos de católicos maronitas.
Al día de hoy, estamos en plena invasión del sur del Líbano por el ejército israelí, se nos dice para destruir las instalaciones de Hezbollah en ese territorio; se ha forzado la salida de un millón de personas. En realidad, el objetivo del primer ministro Netanyahu es la anexión del sur del Líbano hasta incluir las fuentes del Río Litani; en simultánea, la fuerza aérea israelí ataca la ciudad de Beirut, se nos dice que guiada por efectivos del Mossad en terreno para destruir instalaciones urbanas de Hezbollah. En los hechos, es la destrucción fríamente ordenada, por bombardeo indiscriminado, de una ciudad y un país indefensos.
La guerra del Líbano, también llamada invasión israelí del Líbano inició el 2 de marzo de 2026 entre Israel y el partido-milicia libanés chiita Hezbolá. La causa inmediata fue el ataque de Israel y Estados Unidos a Irán el 28 de febrero de 2026, en el que fue asesinado el líder supremo iraní Alí Jamenei.
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