Desde hace tiempo, la Unión ha transformado la economía, su tradicional campo de acción, que ha pasado de ser un instrumento para asegurar la prosperidad material a ser un arma para el control (remoto) ideológico. Parece que la era de las campañas de la globalización y los lemas neoliberales de victoria ha llegado a su fin de manera definitiva. Después de décadas de luchar por el libre comercio mundial y la apertura de los mercados, la UE ahora lucha por lo diametralmente opuesto, en especial desde que se ha involucrado en el gran negocio de las sanciones.
Dado que ninguno de sus trece paquetes de sanciones (impuestos bajo la influencia de una autoestima ilimitada) pudo producir el efecto que se esperaba de ellos de forma errónea, la UE incluso ha ingresado hace poco al terreno minado ética y legalmente del uso de sanciones secundarias. Estas apuntan a la aplicación extraterritorial de sus propias leyes. En ellas se concentra lo que Occidente ha aportado al mercado global en términos de comportamiento geopolítico predemocrático y voluntad de sumisión (post)colonial, todo ello bajo una denominación eufemística.
La Unión Europea, al imponer sanciones secundarias, adopta la conocida práctica de intimidación de matón del patio del colegio de los Estados Unidos y viola de forma consciente el derecho internacional. ¿Una UE que, con plena conciencia de sus responsables, utiliza un medio que ella misma, según una serie de sus propias regulaciones, leyes y declaraciones, clasifica como sin lugar a duda ilegal? Con la señora Von der Leyen, la UE ha adoptado un embrutecimiento transatlántico que no tiene consideración por el derecho internacional, los principios administrativos, los tratados internacionales ni los más mínimos modales.
Según un informe del Financial Times, en enero el Consejo elaboró un “plan confidencial” para desestabilizar de forma intencionada la economía y la moneda de un miembro de la UE, Hungría, y asegurar una transferencia de 51.000 millones de euros a un país no miembro, Ucrania. La UE pasa así de la retención de fondos (al menos legítima según el denominado instrumento del Estado de derecho), a hacer que sus propios estados miembros se sometan a su dictado mediante métodos de guerra económica y chantaje puro y duro.
La nueva justicia por cuenta propia clandestina
No es necesario ser amigo de Orbán, Putin o Al Capone para comprender la explosividad de este documento y descubrir el patrón de pensamiento que contiene, con el cual la UE se propone, en última instancia, socavar el derecho de veto contractual de un Estado miembro, no a través de un proceso legitimado de forma democrática, o mediante la aplicación de una disposición legal, sino mediante una justicia por cuenta propia clandestina.
El hecho de que la Unión, cuya función principal es representar los intereses de sus miembros, especialmente en asuntos económicos, planee, en serio, tomar medidas contra uno de sus propios miembros es un desarrollo casi de pesadilla que no parece en absoluto una expresión de “defensa”, sino que retuerce por la fuerza el propósito fundamental de la Unión. La UE está dispuesta a permitir que sus propios ciudadanos (húngaros) sean arrastrados de forma deliberada al torbellino del colapso existencial por parte de la misma institución a la que han confiado la protección de su bienestar económico.
La UE está dispuesta a permitir que sus propios ciudadanos sean arrastrados de forma deliberada
No podemos entender, incluso después de una reflexión exhaustiva, cómo algo así podría corresponder con algún valor europeo. Tal vez se trata de los diez mandamientos de la mafia.
Por cierto, nosotros consideramos que amenazar con la destrucción económica a un Estado miembro de la UE para robarle dinero para un tercero es un enfoque bastante digno de ser mejorado. Tan pronto como estemos en el poder, lo primero que haremos será quitar un montón de dinero del saco europeo de Luxemburgo para Brot für die Welt [Una ONG alemana contra el hambre, NdelaT]. O de ese Estado quesero francés para todas las áreas explotadas por él durante siglos, especialmente en África Occidental. Y si la UE sobrevive –incluso en contra de nuestras expectativas– a su autodestrucción económica, por último extraeremos el dinero que ha retenido a sus ciudadanos durante décadas, para reparar aunque sea de forma provisional el deterioro generalizado de todas las infraestructuras en toda Europa y la vergonzosa tasa de pobreza de la UE, que ronda el 22%.
También se rumorea que la UE está decidida a confiscar activos de la banca central rusa, a pesar de las advertencias desde hace semanas, no solo de los bancos centrales de Alemania, Francia e Italia, sino también del BCE y Euroclear (la empresa que custodia los activos): enormes riesgos para la estabilidad financiera de Europa, impacto en los mercados, consecuencias legales imprevisibles. Los activos estatales gozan de inmunidad según el derecho internacional. Si la UE subvertiera este principio de manera abrupta, “se produciría una ‘grave afectación de la confianza’ en el sistema Euroclear, en los mercados de capital europeos, en el euro como moneda (de reserva)”, según Lieve Mostrey, la directora ejecutiva de Euroclear. Que la UE esté considerando seriamente hacerse con la propiedad ajena no solo supone –una vez más– que evidentemente es perjudicial para sí misma, sino también –una vez más– que es claramente ilegal, sin importar el cómo se mire.
‘Follow the Money’
Desde 2018, la Defensora del Pueblo Europeo, Emily O’Reilly, ha instado una y otra vez, en vano, a la Comisión para que elimine la escandalosa falta de transparencia en el flujo de fondos de la UE hacia la industria armamentística, la cual ha sido defendida a capa y espada por las instituciones involucradas en la UE durante años. No son públicos ni siquiera los nombres de los “expertos” externos que la UE consulta para financiar proyectos militares, ni tampoco los informes que llevan a invertir sumas millonarias. Mucho menos se garantiza de manera alguna que dichos expertos no estén de forma directa o indirecta en la nómina de las empresas de armamento que se benefician a posteriori de los fondos europeos liberados.
Además, según O’Reilly, la Comisión pone en peligro “la integridad de la administración de la UE” al no tomar medidas decididas contra las prácticas de puertas giratorias. Esto también se aplica al ámbito de la defensa, donde, por ejemplo, Jorge Domecq, director de la Agencia Europea de Defensa (EDA), se convirtió en lobista para el gigante aeroespacial Airbus apenas meses después de dejar su cargo en 2020 –una de las mayores contratistas de la agencia de la UE que él mismo había dirigido–. ¡LOL!
Podemos estar expectantes sobre la industria en la cual reaparecerá el Comisario de Industria, Thierry Breton, que ha pasado toda su vida en alternancia entre puestos de CEO y cargos políticos. Esto, una vez finalizado su mandato como comisario. Si no logra obtener el puesto actual de Von der Leyen, al que también, por supuesto, aspira. “Es el viejo asunto Watergate, ¡sigan el dinero!”, recomienda la Defensora del Pueblo Europeo, O’Reilly, mientras tanto. Tal vez, sobre todo, el dinero de los comisarios de la UE (emoticono de guiño con una sonrisa).
“¡Te miramos a los ojos, complejo de ceguera europea!”. (Una frase del dramaturgo René Pollesch, actualizada). [N. de la T.: La frase original es “¡Te miro a los ojos, contexto de ceguera social!”].
Además, la Comisión debería hacer desaparecer cuanto antes su nuevo eslogan de adquisición de armamento del mismo cajón del que lo sacó: “Buy european!”. Las empresas militares europeas que se benefician de los fondos de armamento de la UE están en todo caso en manos de grandes fondos de inversión, al igual que sus contrapartes estadounidenses. BlackRock, Vanguard, Capital, etc., poseen con astucia acciones tanto de empresas de armamento de la UE como de sus competidores estadounidenses. Este problema de propiedad común, conocido como el problema “common ownership”, no solo crea incentivos para aumentar los precios y reducir la producción, sino que también conlleva distorsiones conocidas en la competencia y el riesgo de formación de un verdadero trust. En cualquier otro sector económico, la Comisión haría cumplir sus propias reglas de competencia con guantes de boxeo. Sin embargo, en ese ámbito nunca lo ha hecho.
Todo esto ya ha generado arrugas en la frente (muy profundas) al European Network Against Arms Trade (ENAAT), mucho antes de que, con la guerra en Ucrania, se rompieran las últimas barreras de la reorientación del capital certificado por la UE hacia el complejo militar-industrial: “Abrimos la caja de Pandora. Europa se convierte en una vaca lechera de cash (para la industria armamentística), en una fuente de financiación ilimitada”.
¡Da igual! ¡Arriba la bandera europea rasgada! ¡Arriba la bayoneta interna!, grita la Comisión, que anima a sus masas sedadas, que, por su parte, no pueden reconocer la flagrante contradicción. Sin darse cuenta siquiera de que la UE ahora añade a su inagotable suministro de palabras vacías un suministro igual de vacío de verdaderos estallidos de balas, con un gran estruendo en esta gran “paz”, cuya cáscara de palabras todavía está grabada en mayúsculas en su Carta.
Sin ánimo de ofender, pero una Unión Europea así nunca fue fundada en Europa.
Los ideales fundacionales europeos, pulverizados
Las contorsiones teleológicas e interpretativas que la UE debe realizar en su camino desde la guerra económica a la economía de guerra son, no hay sorpresa, legión. El Diccionario de Economía Gabler nos advierte de algo alarmante, y es que las economías de guerra mantienen un mercado formal, pero desactivan sus mecanismos centrales para reemplazarlos por un “sistema administrativo orientado a propósitos militares”. Europa, el bastión de la economía de libre mercado sin compromisos. ¿Dónde en concreto se puede encontrar la autoridad de la Comisión en los tratados pertinentes de la UE para establecer esta “forma especial de economía centralizada para fines de armamento”? Solo los dioses lo saben.
Desde hace tiempo, los esfuerzos de la Comisión se han dirigido a la erradicación total de los ideales fundacionales europeos, a través del sistema clásico de escalada gradual: primer golpe, segundo golpe, pulverización final con el bumbum atómico. Porque, al contrario de lo que se nos hace creer hoy en día, la UE no se adapta de manera reactiva o repentina a ningún desarrollo geopolítico sorprendente del presente. Más bien, presenta ahora los resultados acumulados durante años de su transformación frankensteiniana en un proyecto de militarización contraproducente.
En el interior de la Comisión ya estaban preparados a la perfección para esta guerra que, para ustedes allá afuera, había llegado por completo por sorpresa. Con la East StratCom Task Force, el Equipo de Comunicación Estratégica del Este, la UE ya había creado su propia herramienta de combate en 2015 para el campo de batalla de la guerra “híbrida” sobre la hegemonía interpretativa: una oficina oficial para combatir la desinformación, rectificar el conocimiento y garantizar la creencia informativa, que está tan cargada de ideología militante y es tan engañosamente confusa que solo parecía “neutral” para los absolutos idiotas.
La percusionista mayor Von der Leyen transformó con rapidez la Comisión que había heredado de un instrumento de consenso democrático vivo en uno de obediencia ciega y estructura de mando vertical: “De la Comisión Juncker a la Comisión búnker”, como la llamaron los periodistas al comienzo de su mandato. Tan sabia, amable y previsora como es Von der Leyen, ya en 2019 consideró una necesidad absoluta añadir al organigrama de esta Unión Europea, que en 2012 fue declarada (por accidente) Premio Nobel de la Paz, el punto oficial de división de un departamento para armamento –un verdadero acto de ruptura de un tabú que hacía que los pesimistas, las Casandras y nosotros mismos nos quedáramos sin aliento poco a poco–.
Von der Leyen es la primera presidenta de la Comisión en los 60 años de historia de la UE que ha dedicado a las armas una dirección general propia, una competencia ministerial propia y un comisario propio: el comisario de guerra Thierry Breton, que lleva más de un año trabajando en la configuración de esa economía de guerra que ahora anuncia oficialmente en nombre de la UE.
Si nuestros padres hubieran tenido la oportunidad de presenciar esto… o los padres de nuestros padres. O al menos aquellos fundadores de la UE tan citados, que –por completo ingenuos– habían realizado el trabajo sucio intelectual previo a la “integración” europea sin siquiera imaginar a dónde llevaría eso en 2024, bajo una erudita humanista como Von der Leyen.
Estarían asombrados ante un desarrollo como el actual, que –con pleno conocimiento de sus actuales líderes– conduce a la sistemática militarización de Europa. Después de todo, esto entra en directa contradicción con los tratados de la Unión que ellos mismos firmaron, en los que con el Artículo 41, Párrafo 2 del Tratado de la Unión Europea –también con pleno conocimiento– establecieron una estricta prohibición de financiación para bienes de armamento, específicamente para todos los “gastos” con “referencias militares y de defensa” de los fondos de la Unión.
Los autores de este artículo (de izquierda a derecha) Claudia Latour y Martin Sonneborn (*) – Berliner Zeitung“¡
—–—-
(* )Martin Sonneborn es un periodista y político alemán con una larga trayectoria como director de la revista Titanic y reportero en programas de televisión. Es líder y eurodiputado desde 2014 del partido político satírico “Die PARTEI”. Claudia Latour es economista y asesora de Sonneborn.