Con la llegada de Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño, el Estado colombiano abandonó la "Paz Total" de Gustavo Petro para instaurar una política de confrontación abierta contra el ELN, las disidencias de las FARC y el crimen organizado.
Bautizada como Seguridad 2.0 y ejecutada mediante el Plan Patriota 2.0, esta nueva política de Defensa, Seguridad y Convivencia Ciudadana apunta al desmontaje sistemático de la arquitectura de paz anterior, al despliegue de una ofensiva militar intensiva contra los grupos armados ilegales en Colombia, a la recuperación y el control efectivo por parte del Estado de los territorios ocupados por estas organizaciones criminales, y al ataque sistemático a las economías ilícitas que financian sus actividades.
El Plan Patriota 2.0 se apoya en una estrecha cooperación bilateral con Estados Unidos a los fines de recuperar las capacidades estratégicas de la fuerza pública colombiana en materia de inteligencia, vigilancia y reconocimiento; protección de infraestructura crítica; interdicción aérea, marítima y fluvial; logística, comunicaciones interoperables, investigación criminal transnacional, y transferencia de conocimiento y tecnología.
La ofensiva de De la Espriella contra los grupos armados ya comenzó a materializarse en el terreno. Entre la noche del 10 y la madrugada del 11 de agosto se ejecutó la primera incursión aérea —la Operación Beta— contra posiciones del ELN en el Catatumbo (Norte de Santander), zona fronteriza con Venezuela.Posteriormente, el 27 de agosto, se realizó el segundo bombardeo —la Operación Amón—, esta vez contra las disidencias de la FARC en el Guaviare. En su primer corte de cuentas, a los quince días de mandato, De la Espriella reportó 1.574 capturas, 10 extradiciones y 23.642 kilos de droga incautados. Mientras tanto, los grupos armados han intensificado sus hostilidades contra la Fuerza Pública, incluido el uso de drones cargados con explosivos.
Venezuela: Siguen vigentes acuerdos con la guerrilla
Mientras Bogotá y Washington aceleran la ofensiva regional en contra de la guerrilla, crece la incertidumbre sobre el papel que jugará Venezuela en este escenario.
El coronel retirado Antonio Guevara, analista en materia de seguridad y defensa, advierte que, pese a la actual transición tutelada por los Estados Unidos, las fuerzas armadas venezolanas no han experimentado una ruptura doctrinal con su pasado reciente. Los acuerdos político-militares entre sectores del aparato estatal venezolano y la guerrilla colombiana siguen vigentes. "Todavía no se han roto", afirma.
Esta complicidad se remonta a los primeros años del Gobierno de Hugo Chávez y se hizo explícita en 2008, cuando el mandatario sostuvo que "Venezuela limita al oeste, al suroeste, al noroeste... no con el Estado colombiano sino con las fuerzas insurgentes de Colombia". Desde esos primeros años, los comandantes de teatro de operaciones y unidades desplegadas en la zona fronteriza habrían actuado con permisividad frente a estos grupos, lo que facilitó su expansión por el territorio venezolano. "A la fecha, la presencia del ELN y de las disidencias de la FARC se extiende por casi todo el país", señala Guevara.
El epicentro de esta presencia se encuentra en los estados limítrofes y, sobre todo, en el estado Bolívar, donde la explotación del Arco Minero se ha convertido en el corazón financiero de estos grupos irregulares.El problema, advierte Guevara, es que esta relación es estructural. La institución militar está comprometida con una "fusión cívico-militar" que le impide operar como una fuerza de seguridad convencional y confiable.
Para el analista, la Fuerza Armada Nacional necesita cortar cuatro tentáculos: "En primer lugar, sus nexos con la delincuencia común que empoderó el mismo régimen a través de la milicia; en segundo lugar, sus vínculos con la guerrilla...: en tercer lugar, sus conexiones con el terrorismo internacional; y, en cuarto lugar, su alineación con el llamado Poder Popular".
Mientras esto no ocurra, "la posibilidad de enfrentamientos militares venezolanos contra la guerrilla es baja", sentencia.Esta realidad no ha sido modificada por los recientes relevos en la cúpula militar. Guevara los desestima como "naturales y rutinarios" de la época de ascensos, transferencias y retiros. "En su conjunto, estos cambios no tienen ningún tipo de incidencia profunda en relación con los dictámenes políticos que han venido ejecutándose desde que la Revolución es Revolución", afirma.