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domingo, 16 de mayo de 2010

UN RECUERDO DOLOROSO: MASACRE DEL SUMPUL

Por Gabriel Sanhueza Suárez

Hay crímenes que por su magnitud y crueldad sin límites son difíciles de entender. Hasta el grado que tememos no ser creídos al relatarlos. Es la sensación que he tenido, cuando a algunos amigos les hablé de la Masacre del Sumpul.

Hace 30 años, el 14 de mayo de 1980, en el caserío Las Aradas, en la frontera de El Salvador y Honduras se produjo una de esas realidades escalofriantes: más de 600 campesinas y campesinos indefensos fueron asesinados, en pocas horas, por los soldados del ejército, miembros de ORDEN y de la Guardia Nacional.

Este año, de nuevo, los sobrevivientes recordaran el hecho, con un sacrificio enorme. El lugar de la masacre en las orillas del río Sumpul sigue siendo de difícil acceso. Sólo se llega caminando por veredas, cuestas y bajadas muy empinadas. Caseríos que fueron destruidos en aquel tiempo en esa zona limítrofe, están abandonados. Nadie ha vuelto a vivir en tan macabro lugar, que sin embargo, es un paisaje de extraordinaria belleza.

Es una caminata que agota las fuerzas. Hay que subir durante horas cuesta arriba, bajo el sol del mediodía. La hice, hace 30 años, pocos días después de la masacre. Fui guiado por un niño de doce o trece años, gran parte de noche, dando sinuosos rodeos para evitar a los militares, que impidiendo el acceso a la zona querían ocultar el horrendo crimen.

Cada año, mientras caminan los sobrevivientes cuenta lo que vivieron. Miran las quebradas, donde ese 14 de mayo se escondieron. Los lugares por donde corrían mientras los soldados les pisaban los talones. Los recuerdos de ese horror siguen presentes en sus cabezas y en sus corazones.

Con mis pensamientos hoy les acompaño. A todos esos viejos y viejas que lograron salvarse de la muerte. A esos hombres, que hace treinta años eran niños, y no entendían lo que ocurrían. No entendían que su padre o su madre, los obligaran a correr y correr, sin cesar a lo largo del río, con los soldados persiguiéndolos. Tratando de cruzarlo y entrar a Honduras, donde también otros soldados los estaban esperando para devolverlos a la muerte.

Muchas noches, por muchos años desperté sobresaltado recordando a los muertos del Sumpul.

Estas líneas son un homenaje a ellos, a muertos y sobrevivientes. A esa campesina, que sólo salvó a su hijo menor y me dijo:

“Yo estuve mucho rato en el chorro del río, junto a mi niño. Me pedía que lo sacara, pero sabía que si salía lo iban a matar. Como a las 10 me balearon en la mano y en la pierna y caí herida en la orilla del río. Entre dos peñas quede botada. Y cuando los soldados pasaban cerca, yo me hacía la muerta, rogando para que mi cipote* no fuera a llorar y me lo mataran también…”

Un homenaje a quienes hoy caminan por esos parajes de muerte. Sin querer olvidar y esperando siempre que se les haga justicia.

*Niñito en El Salvador.


DOCUMENTACION
Nota histórica-informativa de Krohne Archiv sobre la masacre que comenta Gabriel Sanhueza Suárez en su artículo.

FUENTE: DIARIO COLATINO DE EL SALVADOR

La masacre fue realizada por la Guardia Nacional de El Salvador y la Organización Democrática Nacional (ORDEN) vinculada al Partido de Conciliación Nacional salvadoreño y con la ayuda de militares de la vecina Honduras.

Los civiles ejecutados fueron atacados cuando huían de un operativo militar que se llevaba a cabo en Las Aradas, Chalatenango, por efectivos del destacamento militar No. 1, la Guardia Nacional y ORDEN.

Durante dos días, los contingentes armados llevaron a cabo hechos de violencia en los caseríos cercanos sobre el río Sumpul, utilizando artillería pesada y helicópteros en su operación antiguerrillera. Esto generó que los pobladores huyeran de los caseríos. Pero los que huían no eran los de la guerrilla, sino los pobladores asustados cuyas casas habían sido destruidas y temían por sus vidas. Huían con sus pertenencias, algunos sin nada, sólo con sus familias y la meta era alcanzar el “puente de hamaca” que les ayudaría a evitar las aguas del río Sumpul y cruzar a Honduras para ponerse a salvo.

Sin embargo, al llegar al río, el panorama se puso difícil. Ese día, el Sumpul había crecido por las lluvias y tuvieron que cruzarlo a nado o a pie, o con ayuda de otra persona. Al llegar al otro lado, militares hondureños los obligaron a regresar. La mayoría así lo hizo, pero la muerte los esperaba de vuelta en El Salvador.

Nunca se abrieron investigaciones oficiales y los culpables nunca fueron identificados. A través del Arzobispado de San Salvador, el día 26 de octubre de 1992, varias víctimas presentaron una denuncia judicial escrita sobre las ejecuciones masivas de personas ante el Juez de Primera Instancia de Chalatenango.

En la presentación de la denuncia las víctimas aseguran la participación en los actos cometido a funcionarios y autoridades militares de alto rango, lo que amerita una especial investigación de parte del órgano judicial.
Se trató de una ejecución donde se involucra a la Guardia Nacional y los miembros del Ejército, que realizaban un operativo militar de carácter oficial y no se trataba de una acción particular, en la que el Estado no tuviera responsabilidad.

A pesar de la denuncia, los involucrados no han comparecido ante los tribunales. Tutela Legal del Arzobispado, en un comunicado emitido en el marco de la conmemoración del 30 aniversario, el viernes 14 de mayo pasado,  exhorta a las autoridades de justicia a indagar este caso y que se conozca la verdad.

“Dada la gravedad de los hechos, el Gobierno de El Salvador debe de promover las investigaciones judiciales al respecto, cuidando que estas investigaciones se lleven a cabo de manera independiente por las instituciones correspondientes, especialmente por la Fiscalía General de la República, brindando toda la colaboración que ésta requiera para el esclarecimiento de los hechos”, indica el comunicado.

La Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), instaló hace algunos meses un Tribunal de Justicia Restaurativa. Los fallos emitidos luego de días de testimonios, ordenan la necesidad de esclarecimiento y compensaciones a las víctimas civiles y a sus familias. Aunque simbólico, este tribunal incluyó el caso de la masacre del Sumpul y las familias de los masacrados y de los sobrevivientes aún esperan que los culpables sean llevados a la justicia.


1 comentario:

  1. Me parece muy importante la difusión de la informacion sobre la masacre del Sumpul para apoyar a las y los sobrevivientes en su búsqueda de conocer la verdad y obtener justicia. No me parece bien que Krohne para su nota histórica-informativa no cita su fuente: es la copia de un artículo del Diario Colatino en El Salvador del viernes 14 de mayo.

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