Por Jessika Krohne Sicóloga
La expansión de como OnlyFans, Arsmate y Fansly ha generado un intenso debate en torno
a la sexualidad femenina contemporánea.
Por un lado, estas plataformas han permitido y facilitado
a millones de mujeres la mercantilización de su cuerpo y su sexualidad a cambio
de una remuneración económica, pero, por otro lado, se predispone los cuerpos de
las mujeres a los intereses y deseos masculinos manteniendo o incluso retrocediendo
a un relato social de la sexualidad femenina limitante, violento, estigmatizante
y, sobre todo, patriarcal.
Estas plataformas permiten que mujeres produzcan y
comercialicen contenido sexual de manera aparentemente autónoma, obteniendo
beneficios económicos y control sobre su imagen.
Sin embargo, también han
suscitado cuestionamientos respecto
a la reproducción de dinámicas de cosificación, autoobjetivación y dependencia
de la validación externa.
Desde una perspectiva sexológica, feminista e
interseccional, resulta relevante analizar cómo estos espacios digitales influyen
en la construcción de la autoestima sexual, la autonomía corporal y el bienestar
de las mujeres.
Onlyfans es una plataforma digital creada en el año 2016 en
Reino Unido por la compañía Fenix International Limited. Nace como una
herramienta polifacética enfocada a la creación de todo tipo de contenido y
para ser utilizada principalmente por artistas independientes. Pero los inicios
de Onlyfans distan mucho
del fenómeno mundial que es en la actualidad, una plataforma centrada en la
pornografía y prostitución.
Todo esto cambió con la entrada del que es el
actual dueño de la plataforma, Leo Radvinsky, un empresario y productor de
«cine para adultos» ucraniano-estadounidense quien, en el año 2018, compró el
75% de la plataforma y, poco a poco, fue cambiando de enfoque a Onlyfans, hasta
convertirla en lo que es hoy en día.
Esta plataforma tuvo un auge especialmente
importante durante la pandemia, donde muchos expertos coinciden que los hábitos
sexuales cambiaron.
Las experiencias de las mujeres en estas plataformas no son
homogéneas. Factores como el autoconcepto y la autoestima, así como la clase
social, la edad, la orientación sexual, la etnia y las condiciones económicas
influyen significativamente en la forma en que se participa en estos espacios.
La
sexología positiva plantea que la expresión erótica puede constituir una dimensión
saludable de la sexualidad cuando se ejerce desde el consentimiento, el
placer y la autodeterminación. En este sentido, algunas mujeres experimentan estas
plataformas como espacios de exploración identitaria y reafirmación sexual. Sin
embargo, el ideal de libertad sexual puede verse limitado por estándares estéticos,
exigencias algorítmicas y dinámicas de mercado que privilegian ciertos cuerpos
y formas de erotismo por sobre otros.
Otra variable muy compleja es la
explotación sexual, que se ha podido observar a través de estas plataformas
digitales desde su creación. De Blas (2024), cita en su artículo a Raquel Pérez
Benasco, vicepresidenta de la federación de mujeres jóvenes, que califica a
Onlyfans como “una nueva forma de explotación sexual”.
La investigadora y
redactora del informe señala que “la plataforma se ha convertido en un imperio
digital de la pornografía y la prostitución virtual”.
Según los datos que
recoge este estudio, el 97% de las llamadas “creadoras de contenido”, mayoritariamente
sexual y pornográfico, son mujeres, mientras que el demandante promedio es un
varón de entre 25 y 44 años. Otra noticia muy alarmante surge a través de una
exhaustiva investigación que reveló numerosos casos de menores de 18 años que
se unían a la plataforma y la utilizaban para generar y vender material de
abuso sexual infantil.
Si bien después de esa denuncia, OnlyFans reforzó sus
medidas de seguridad tras aquella investigación, algunos menores siguen
quedando desamparados. El centro nacional contra la explotación sexual ha
recopilado numerosos estudios de caso sobre posibles abusos en la plataforma,
incluyendo una gran cantidad de material
de abuso sexual infantil.
Por lo tanto, uno de los principales debates gira en
torno a si estas plataformas representan una forma de empoderamiento o una
nueva modalidad de explotación digital. Los discursos de libertad sexual
enfatizan la capacidad de las mujeres para gestionar su imagen, establecer
límites y obtener ingresos económicos a partir de su sexualidad. Mabel Lozano
(2021), autora del libro “pornoXplotación”, señala que, generar ingresos a
partir de la publicación de contenido sexual, es una dinámica que promueve la
Prostitución 2.0; además de otros riesgos como que, aquello que se publica no
se puede suprimir de la nube, y la sextorsión.
Plataforma dedicada a la pornografia y la pristuciónDe hecho, a pesar de que se
compartiera desde una cuenta privada, el material podría ser capturado, guardado
y difundido sin consentimiento (INCIBE, 2022). Médicos del Mundo (2023), define
la prostitución 2.0 como el intercambio de contenido erótico a través de
Internet, y que se encuentra vinculado con la pornografía, que constituye uno de
los principales recursos de aprendizaje en etapas como la adolescencia y/o la juventud.
Sin embargo, desde una perspectiva crítica, es posible observar cómo la lógica
del mercado transforma el cuerpo y el deseo en productos de consumo. La
necesidad de atraer suscriptores, mantener visibilidad y competir por atención
puede generar presión para ajustarse a determinados estándares corporales y
conductassexualizadas. En este contexto, la aparente libertad puede coexistir
con formas de autoexplotación
que dependen de la constante evaluación y validación externa. La autoestima
sexual puede verse fortalecida cuando las mujeres perciben control sobre sus
decisiones y reciben reconocimiento positivo. Sin embargo, también puede
volverse vulnerable cuando el valor personal queda excesivamente condicionado
por métricas digitales, ingresos económicos o aprobación social.
Conclusión
Históricamente,
el género femenino ha sido interpretado desde una matriz sociocultural
patriarcal que ha subordinado su identidad, valor y rol dentro de estructuras
definidas por el imaginario masculino. Esta visión hegemónica ha asignado a las
mujeres una posición secundaria, frecuentemente asociada a la pasividad, la
sumisión y la preocupación por la apariencia física como principal fuente de
validación (Couture Bue, 2019).
Desde ese punto de vista, estas plataformas
digitales pueden ser bastante negativas para la sociedad y especialmente para
las mujeres. Incluso, estas plataformas podrían significar un retroceso en el
desarrollo del empoderamiento de la mujer.
Durante décadas, las mujeres han
luchado por tener un rol más protagónico en la sociedad. Diferentes hitos
como la declaración universal de los derechos humanos, adoptada por la asamblea
general de las naciones unidas en 1948 y el posterior reconocimiento normativo
en 1967 con la declaración sobre la eliminación de la discriminación contra
la mujer;la proclamación del año internacional de la mujer en 1975 y varias conferencias
internacionales importantes que se llevaron a cabo posteriormente han
significado importantes avances para posicionar a la mujer en un lugar protagónico
de la sociedad.
Sin embargo, llegaron estas plataformas digitales que por un
lado permiten que las mujeres pueden ganar dinero exponiendo voluntariamente
su cuerpo o partes de ella, por otro lado, se percibe nuevamente como un
objeto sexual para satisfacer el sexo masculino. Si una mujer no logra ajustarse
a los estándares estéticos y conductuales impuestos por el deseomasculino,
su autoestima se ve profundamente afectada, generando sentimientos de
insuficiencia, vergüenza y disconformidad con el propio cuerpo y la identidad
de género.
Si bien, en la mayoría de los casos, la mujer decide, esto no siempre es así, ya
que muchas veces hay explotación sexual encubierto a través de estas páginas
digitales.
Por otro lado, una mujer que decide exponer su cuerpo de esa forma,
y no tiene una autoestima tan fortalecida, puede verse muy afectada en su salud
mental y terminar con un autoconcepto muy deteriorado.
Las
plataformas digitales de contenido erótico representan un fenómeno complejo que no
puede reducirse a categorías simplistas de empoderamiento o explotación.
Constituyen
espacios donde coexisten oportunidades de autonomía, expresión sexual
y generación de ingresos, junto con riesgos asociados a la mercantilización del
cuerpo y la dependencia de la validación externa.
Desde una perspectiva sexológica y de derechos humanos, resulta fundamental reconocer estas tensiones y promover una comprensión crítica que favorezca el
bienestar, la autoestima sexual y la autonomía de las mujeres, sin ignorar las
desigualdades estructurales que atraviesan sus experiencias.