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sábado, 14 de febrero de 2026

CUBA: NI AUTORITARISMO NI PROTECTORADO, UNA BUENA DEMOCRACIA ES LO QUE NECESITA CUBA



Por Samuel Farber


Cuba se encuentra inmersa en el que quizás sea el momento más difícil desde enero de 1959. La situación política sigue empeorando, con la sistemática represión de todas las protestas colectivas, sean estas espontáneas como las del 11 de julio de 2021 u otras movilizaciones locales que han ocurrido desde entonces.

La economía sigue cayendo en picada, con el gran descenso del turismo y la virtual desaparición de la industria azucarera. En gran parte, el responsable de todo esto ha sido el gobierno cubano, que ha priorizado la construcción de hoteles para rentarlos a las compañías hoteleras internacionales a expensas de inversiones mucho más necesarias. Al mismo tiempo, el régimen continúa con sus desmanes económicos, como el sistemático maltrato a la agricultura a través de la agencia estatal Acopio, y la insuficiente autonomía y facilidades productivas para los pequeños campesinos privados.

No obstante, el embargo/bloqueo estadounidense es un elemento no menor para llegar a la crítica situación económica imperante en la isla. Además de la prohibición de vender azúcar en los mercados del Norte, vigente desde la década de 1960, y del veto a la inversión estadounidense en Cuba, el gobierno de Donald Trump empeoró considerablemente el cuadro.

Las consecuencias de la invasión de Venezuela 

Los hechos del 3 de enero, cuando fuerzas militares estadounidenses aterrizaron en Caracas y secuestraron al dictador Nicolás Maduro, han transformado la situación de Venezuela, pero también la de Cuba. La importancia de este hecho reside no solamente en que Venezuela ya no proveerá petróleo a la isla (el suministro ya había descendido antes del 3 de enero), sino en la envergadura que el mismo Trump le ha dado a la acción militar en Caracas. En la realidad política posterior al 3 de enero, es de suma importancia, tanto política como legal. Trump proclamó de manera descarada que Washington gobernará Venezuela.

Más allá de la injerencia sobre Venezuela a través del control del país -el gobierno venezolano deberá someter periódicamente sus presupuestos a la inspección de Washington-, Trump sigue con su insistencia en anexar de una u otra manera a Groenlandia, para de esta manera consolidar sus credenciales monroístas, dado que ese territorio autónomo forma parte de Dinamarca, precisamente el tipo de potencia europea que Monroe quería eliminar de su banquete colonialista. 

Vale la pena notar que en toda esta fiesta imperial y colonial hubo también algo completamente nuevo: el hecho de que Trump desdeñó la tradicional hoja de parra utilizada por muchísimo tiempo por Washington y no dijo absolutamente nada sobre la democracia, la libertad y todos los demás tópicos ideológicos tradicionales de la política exterior estadounidense para justificar sus intervenciones en el extranjero. 

Es muy lamentable que muchos cubanos, tanto en la isla como en el exterior, hayan aprobado las medidas de Trump, pero no por eso debemos ser cómplices de ese apoyo que nos compromete moral y políticamente, perjudica a nuestra causa democrática aun a corto plazo e invisibiliza a aquellos que, siguiendo su deber como ciudadanos, toman en serio la independencia de su país.

Sin embargo, lo más grave para nuestro pueblo es que, como resultado de su «victoria» en Venezuela, a Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, se les han subido los humos a la cabeza. Durante el mes de enero, los principales medios estadounidenses han reportado que Washington está considerando seriamente un conjunto de acciones contra el gobierno cubano antes de fin de este año. El más alarmante de estos planes incluiría un bloqueo marítimo a Cuba, con el propósito específico de interrumpir su importación de petróleo desde cualquier país extranjero. 

Un bloqueo total a la entrada de petróleo a Cuba y otras tácticas de esa índole, en el marco del largo embargo/bloqueo, sería una agresión no solamente contra el gobierno, sino también contra el pueblo cubano en su conjunto. 

Al mismo tiempo, los planes de Trump pueden incluir otra estrategia, algo así como una invitación a sectores del régimen cubano para lograr un acuerdo al estilo venezolano. De hecho, no es muy difícil imaginar, por ejemplo, que los generales que dirigen el poderoso Grupo de Administración Empresarial SA (GAESApodrían considerar esa «solución» para proteger sus intereses. Se ha reportado que Alejandro Castro Espín, el hijo de Raúl Castro, se habría reunido con representantes de Trump para llegar a algún tipo de acuerdo sobre las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Si estas negociaciones resultan en la liberación de los presos políticos cubanos, sería una buena noticia, pero hay que estar muy alerta con respecto a la posibilidad de un acuerdo al estilo venezolano, que mantendría al presente régimen en el poder, apoyado por una intervención estadounidense.  

(*) La situación de pobreza en Cuba se ha intensificado, con estimaciones que sitúan entre el 40% y casi el 90% de la población en pobreza extrema o viviendo bajo el umbral de la pobreza según estudios recientes. La crisis se manifiesta en escasez de alimentos, carencias en servicios de salud, desabastecimiento crónico de combustible y apagones constantes, reflejando un deterioro severo en la calidad de vida y un aumento en la desigualdad.


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