La historia ha terminado dando la razón al general Charles de Gaulle. En dos ocasiones, en 1963 y 1967, el presidente francés vetó la entrada de Gran Bretaña en la UE (que se llamaba entonces Comunidad Económica Europea) porque la consideraba incompatible –por su pasado, prioridades, intereses e idiosincrasia– con participar en la construcción de un ambicioso proyecto político continental común.

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