Por Martín Poblete Pujol
En una semana como la presente, en agosto de 1945, bombarderos cuadrimotores B-29 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, lanzaron dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Este acontecimiento cambió las categorías militares de poder, también la racionalidad de las ideas y pensamiento en los estados mayores de los ejércitos de las principales potencias; marcó el comienzo del desarrollo de tecnologías capaces de generar fuerzas hasta entonces desconocidas; trasladó prioridades de investigación científico-tecnológica de las universidades al escritorio de jefes de estado y de gobierno.
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