Una dieta mediterránea mantenida durante 24 horas puede mejorar la flexibilidad metabólica en adultos mayores con deterioro congénito leve, cambios que se relacionan con mejoras cognitivas, como se ha comprobado en estudios de investigación médica de Estados Unidos.
"La dieta mediterránea promueve la producción de cuerpos cetónicos, incrementa los intermediarios del ciclo del ácido tricarboxílico (TCA, por sus siglas en inglés) y modula el metabolismo de los aminoácidos de cadena ramificada (BCAA, también por sus siglas en inglés)".
Tras lo señalado "estas adaptaciones sugieren un aumento de la flexibilidad metabólica, que podría desempeñar un papel en el metabolismo energético cerebral y la resiliencia cognitiva en adultos mayores con deterioro cognitivo leve".
Para llegar a la conclusión obtenida, se ha realizado un análisis metabolómico cuantitativo de muestras de plasma en adultos mayores de 60 años con la afección.
Así, se ha constatado que la dieta mediterránea, con o sin suplementación de probióticos, favorece cambios relacionados con la capacidad del organismo para adaptar de forma eficiente la utilización de diferentes fuentes de energía en función de la disponibilidad de nutrientes.
Los investigadores han indicado que la respuesta hallada no se ha observado en los participantes que han seguido una dieta baja en grasas recomendada por la Organización Mundial de la Salud.
Esto se ha explicado con el argumento que tras seguir la dieta mediterránea, aumentan los niveles plasmáticos de ácido acetoacético, un cuerpo cetónico, así como de piruvato, lactato e intermediarios del ciclo del TCA, como el alfa-cetoglutarato.
Memoria y Lenguaje
Los resultados también mostraron una relación entre determinados cambios metabólicos y distintos dominios cognitivos", y es que "el aumento de cetoácidos relacionados con el metabolismo de los BCAA, como el alfa-cetoisovalerato, el alfa-cetoglutarato y el 2-oxoisocaproato, se asoció positivamente con mejoras de la memoria general, inhibición y razonamiento visoespacial.
En cuanto a la incorporación de probióticos a la dieta mediterránea, los investigadores Andrés-Lacueva y Pérez-Martínez han destacado que "se caracterizó por un marcado aumento de metabolitos del triptófano derivados de la microbiota intestinal, relacionados con la integridad de la barrera intestinal y con vías antiinflamatorias".
"Además, el análisis metabolómico "permitió identificar cambios directamente relacionados con la adherencia a la dieta mediterránea", han continuado, para agregar que "aumentaron los niveles de ácido 3-carboxi-4-metil-5-propil-2-furanpropanoico CMPF por sus siglas en inglés), un metabolómico vinculado al consumo de pescado, y de N2-acetilornitina, asociada a la ingesta de proteínas vegetales como frutos secos y legumbres".
"Por el contrario, la disminución de 3-metilhistidina reflejó un menor consumo de aves y carne roja, mientras que los niveles más bajos de trans-4-hidroxiprolina sirvieron como marcador de un menor consumo de carne procesada".
En el contexto del estudio mencionado, los cuerpos cetónicos juegan un papel fundamental al actuar como una fuente de energía eficiente para el cerebro y como promotores de la flexibilidad metabólica.

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