El asesinato del General Qassem Suleimani hace cuatro años en Irak, ejecutado en operación conjunta de la CIA y comando de inteligencia militar americana, dejó en evidencia las notorias incapacidades y debilidades del sistema de inteligencia iraní.
Suleimani, fundador y líder de la División Quds del ejército iraní, era un militar destacado por su clara comprensión del cuadro estratégico, y táctico, del Medio Oriente; su pérdida no fue reemplazada.
Más recientemente, el asesinato en Teheran de dos importantes líderes de Hamas, alzaron la evidencia de la capacidad operativa del aparato de inteligencia israelí, el MOSSAD, en Irán; en paralelo, lo hemos sabido ahora, la CIA inició su trabajo de instalación y penetración en ese país de manera cómo no había sido antes, los ataques contra blancos específicos del año pasado fueron evidencia de tales avances.
La guerra de Estados Unidos y su aliado Israel contra Irán, en su forma actual, han contado con el apoyo fundamental de los servicios de inteligencia en terreno, indicación evidente de penetración del aparato de inteligencia iraní, los códigos de comunicaciones encriptadas, el quiebre de la capacidad de los iraníes para ejecutar actividades de naturaleza clasificada y confidencial, de la capacidad de ofrecer protección confiable a líderes y altos cargos en su sistema de gobierno.
Para todos los efectos prácticos, el aparato de inteligencia iraní ha dejado de ser efectivo, ha sido borrado del terreno de acción en términos militares, lo cual tuvo dos consecuencias de la mayor importancia.
En primer lugar, la destrucción de las defensas antiaéreas iraníes en operaciones de bombardeos de gran precisión dirigidos desde el terreno.
En segundo lugar, las fuerzas aéreas americana e israelí han infringido a Irán un inmenso daño infraestructural cuya reparación y/o restauración tomará muchos años, ni hablar del dinero para pagarlo.
En el mismo sentido, la fuerza aérea iraní, lo que iba quedando de ella, fue totalmente destruida; el espacio aéreo soberano de Irán quedó a merced de las fuerzas aéreas americana e israelí operando a voluntad, esto continuará inalterado por el futuro previsible.
A lo anterior se agrega la inexistencia de cualquier capacidad de intercepción de Irak y Siria, esos espacios aéreos están siendo penetrados a voluntad especialmente por los aviones israelíes que deben operar desde bases en su propio territorio, aquí entra el fundamental apoyo de los aviones tanques americanos, permiten el aprovisionamiento de combustible en vuelo; los aviones de combate americanos operan desde dos superportaaviones nucleares, uno en el Meterráneo oriental el otro en el Océano Índico en punto al sur oeste del Estrecho de Ormuz.
Está por verse si solamente las fuerzas aéreas y navales bastan para generar el cambio de régimen en Irán, el gobierno de Estados Unidos se ha manifestado reticente a considerar poner tropas en terreno, Irán es un país grande con más de noventa millones de habitantes, una ocupación aunque fuera parcial exigiría por lo menos diez divisiones; al parecer, estaría bajo consideración la opción de habilitar una insurrección de los kurdos residentes en ambos lados del límite entre Irán e Iraq, pero sería una cuestión puntual.
¿Y Rusia?
Un reporte de The Washington Post asegura que Rusia estaría proporcionando a Irán información de inteligencia sobre objetivos en Medio Oriente, incluyendo la ubicación de buques de guerra y aviones de Estados Unidos.
Según el medio, que cita a tres funcionarios con acceso a reportes de inteligencia, el alcance de la ayuda rusa no está del todo claro, aunque las capacidades iraníes para localizar fuerzas estadounidenses se habrían debilitado tras los ataques lanzados la semana pasada por EE.UU. e Israel contra Teherán.
Desde el Kremlin confirmaron contactos con representantes iraníes, pero evitaron dar detalles sobre una posible asistencia militar.
Por su parte, la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, afirmó que el régimen iraní está siendo “completamente aplastado”, con su capacidad militar y de producción seriamente dañada.
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